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Vigila al dormido, rango E
Kairo
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20-08-2026, 07:14 PM
La noche había caído sobre Konohagakure no Sato con bastante tranquilidad. Las calles estaban mucho más silenciosas que durante el día, y las luces de algunas viviendas iluminaban tenuemente los caminos mientras los habitantes comenzaban a recogerse en sus hogares.

Para Raito, aquella misión probablemente no parecía especialmente complicada.

Nada de criminales.

Nada de persecuciones.

Nada de enemigos ocultos entre los árboles.

Simplemente tenía que cuidar durante unas horas a un anciano mientras su hija trabajaba durante el turno nocturno.

La vivienda se encontraba en una zona residencial tranquila de la aldea. Era una casa modesta, aunque bastante cuidada, con un pequeño jardín delantero y unas cuantas plantas que parecían necesitar algo más de atención de la que estaban recibiendo.

Cuando Raito llegó al lugar indicado, una mujer de mediana edad esperaba junto a la entrada. Parecía algo cansada y llevaba todavía parte de su ropa de trabajo.
Al verlo acercarse, la mujer pareció relajarse un poco.

—¿Raito, verdad? Menos mal que has venido.

La mujer miró brevemente hacia el interior de la vivienda antes de continuar hablando en voz algo más baja.

—Mi padre está durmiendo ahora mismo. Normalmente no da problemas, pero... hay una pequeña cosa que quizá debería haberte explicado antes.

Hizo una pausa.

—Es sonámbulo.

La mujer se llevó una mano a la frente, claramente preocupada.

—No siempre ocurre, pero cuando le pasa puede levantarse, caminar por toda la casa e incluso intentar salir al exterior. Una vez lo encontramos en el jardín a mitad de la noche y no tenía ni idea de cómo había llegado allí.
Soltó un suspiro.

—No quiero que lo despiertes bruscamente si ocurre. Mi madre decía que era mejor hablarle con calma y acompañarlo de vuelta a la cama.
La mujer señaló entonces una puerta situada al fondo del pasillo.

—Esa es su habitación. Debería estar dormido.

Después volvió a mirar a Raito.

—Solo necesito que estés pendiente de él hasta que termine mi turno. Puedes sentarte en el salón, estudiar, descansar... lo que quieras. Si se levanta, simplemente intenta evitar que se haga daño o salga de la casa.

Parecía una petición sencilla.Demasiado sencilla, quizá.

La mujer se despidió apresuradamente y abandonó la vivienda, dejando a Raito a solas con el anciano. Durante los primeros minutos no ocurrió absolutamente nada.
El silencio de la casa solamente era interrumpido por el sonido ocasional de algún vehículo lejano o por los grillos del exterior. Hasta que, aproximadamente media hora después...

Toc.

Un pequeño ruido procedente del pasillo.

Después otro.

Toc.

Y finalmente se escuchó el lento chirrido de una puerta abriéndose. La puerta de la habitación del anciano comenzó a moverse. Desde el interior apareció un hombre bastante mayor, vestido con un sencillo pijama. Tenía los ojos completamente cerrados. Caminaba despacio. Muy despacio. Pasó junto a la pared sin prestar atención alguna a Raito y continuó avanzando hacia la entrada de la casa. Entonces, con absoluta tranquilidad, murmuró entre sueños: —...el pescado... no puede esperar...

Y siguió caminando.


Parecía tener toda la intención del mundo de dirigirse directamente hacia la puerta principal.


La misión acababa de empezar.
Raito Yamanaka
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20-08-2026, 08:24 PM
Raito observaba el recorrido del anciano con la misma mezcla de incredulidad y juicio estético con la que evaluaría un desfile de modas improvisado en medio de un lodazal. Se encontraba de pie en el centro del salón, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás para mantener su mejor ángulo bajo la tenue luz de la lámpara.

El concepto de la misión era, en el papel, un insulto a su verdadero potencial escénico. Cuidar a un anciano no figuraba en su presupuesto de imagen. Sin embargo, presenciar el desplazamiento de aquel hombre con pijama desgastado, caminando a paso de tortuga y con los ojos cerrados como si estuviera interpretando una obra de teatro experimental de vanguardia, era un espectáculo que superaba cualquier falta de estilo en el entorno.

Al escuchar la estrafalaria frase que salió de los labios del anciano, Raito entornó los ojos tras sus lentes oscuros, los cuales llevaba puestos a pesar de ser de noche y estar dentro de una propiedad privada.

— ¿Pescado? Por el amor a las artes... ¡pero qué falta de presupuesto para un monólogo interior! — pensó con indignación. Recordaba perfectamente las instrucciones de la mujer. La palabra clave era la calma; despertarlo bruscamente de su trance dramático podía romper el frágil equilibrio de aquella actuación sin guion. Comprendía con total claridad que un impacto directo o un grito desentonado arruinarían la escena, pero pedirle a Raito que permaneciera inmóvil era sencillamente ignorar su naturaleza.

Sin emitir un solo sonido con la garganta, Raito ejecutó un despliegue de expresividad corporal digno de un mimo de alta gama. Abrió los brazos de par en par con un ademán de dramática desesperación, llevando una mano a su frente con un gesto aristocrático mientras señalaba la puerta principal con la otra. Se desplazó en silencio por la madera del suelo, realizando pasos exageradamente marcados, fluidos y enérgicos, interponiéndose con elegancia en la trayectoria del anciano justo antes de que este pudiera rozar el pomo de la puerta.

Raito se plantó frente al anciano, abriendo las manos como si estuviera conteniendo una marea invisible y negando con la cabeza con frenética indignación. Con gestos ampulosos de los brazos, comenzó a señalar hacia el pasillo, imitando con sus propias manos la forma de una almohada junto a su rostro inclinado y cerrando un ojo para dejarle claro el mensaje a las sombras.

Al ver que el anciano continuaba avanzando a paso firme sin desviarse un milímetro, Raito se inclinó hacia adelante, manteniendo una distancia prudencial para no tocar el pijama ajeno. Proyectó su voz en un susurro teatralmente modulado, vibrante pero lo suficientemente bajo para no romper el trance:

—Señor... la sintaxis de este horario es para el reposo, no para una excursión gastronómica de bajo presupuesto —murmuró Raito, acompañando sus palabras con un abanico de movimientos de manos que cortaban el aire con absoluta precisión— El mercado marítimo ha cerrado su temporada. Permítame ser su director de escena y guiarlo de vuelta al plató principal antes de que cometamos un atentado contra la composición cromática de la noche —.

Suavemente, sin ejercer fuerza y manteniendo la gesticulación amplia de sus brazos para bloquear el paso de forma fluida, Raito comenzó a pivotar sobre sus talones, intentando redirigir la marcha del sonámbulo hacia el pasillo con la compostura y el drama de quien escolta a una celebridad en apuros.
Kairo
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20-08-2026, 08:44 PM
Última modificación: 20-08-2026, 08:45 PM por Kairo.
El anciano continuó avanzando durante un par de segundos, completamente ajeno al elaborado espectáculo que Raito estaba representando delante de él. Sus pasos eran lentos, pesados y sorprendentemente constantes. Sin embargo, cuando Raito consiguió colocarse justo en su trayectoria y comenzó a redirigirlo hacia el pasillo, ocurrió algo inesperado. El anciano se detuvo. Completamente inmóvil. Durante unos instantes no pareció ocurrir absolutamente nada. Su cabeza permanecía ligeramente inclinada hacia delante y sus ojos seguían cerrados. Raito podía escuchar únicamente la respiración pausada del hombre. Entonces, el anciano levantó lentamente una mano. —...¿Dónde está...? La pregunta salió de sus labios en un murmullo prácticamente incomprensible. Su brazo comenzó a moverse de un lado a otro hasta que su mano terminó señalando directamente hacia la cocina. —...el pescado...

Y, como si aquella fuera la única información que necesitaba para continuar con su misión nocturna, comenzó a caminar nuevamente. Pero esta vez no hacia la puerta.
Giró hacia el pasillo. Raito había conseguido, al menos parcialmente, cambiar su trayectoria. El problema era que el anciano parecía haber cambiado también de objetivo. Avanzó unos cuantos pasos hasta llegar a la cocina y se detuvo frente a uno de los armarios. Sin abrir los ojos, comenzó a tantear la superficie con ambas manos. —El pescado... —murmuró nuevamente—. Hay que ponerlo en agua... Sus dedos encontraron finalmente el tirador de una de las puertas.

La abrió.

Dentro había diversos utensilios de cocina y varios recipientes cuidadosamente colocados. El anciano introdujo una mano en el interior y comenzó a buscar algo.
Raito tenía ahora dos opciones bastante claras: intentar convencerlo de que regresara a la cama antes de que empezara a manipular cualquier cosa de la cocina, o averiguar qué demonios esperaba encontrar allí.

Y justo cuando parecía que iba a sacar algo del armario, un pequeño recipiente metálico situado en la parte superior comenzó a tambalearse.

Clinc...

El anciano no pareció darse cuenta. El recipiente se inclinó peligrosamente hacia el borde. Clinc... clinc... Un segundo más y probablemente terminaría cayendo al suelo.

El sonámbulo, mientras tanto, seguía completamente concentrado en su búsqueda.

—...Tiene que estar aquí...

La situación seguía siendo perfectamente controlable.

Pero quizá la verdadera dificultad de aquella misión no consistía en enfrentarse a un enemigo. Consistía simplemente en conseguir que un anciano dormido no convirtiera una tranquila noche en un completo desastre.
Raito Yamanaka
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26-08-2026, 04:20 AM
Ver al anciano desviarse hacia la cocina fue, para Raito, un pequeño triunfo de la dirección de arte. Había logrado redirigir a la estrella invitada de la puerta principal hacia un set secundario. Sin embargo, la estética de la escena amenazaba con venirse abajo en cualquier segundo: un anciano en pijama manoseando sartenes a oscuras era el colmo del descuido escénico.

Raito avanzó tras él con pasos felinos y la espalda erguida, manteniendo siempre sus dos metros de distancia de seguridad para no contaminar su chaqueta con el polvo de las alacenas. Estaba a punto de lanzar otro monólogo diplomático en susurros cuando el sonido metálico rompió la atmósfera.

Clinc...

Raito entornó los ojos tras sus lentes oscuros. Un recipiente de metal se balanceaba en el borde del estante superior, desafiando la gravedad y amenazando con estrellarse contra el suelo.

Un impacto de metal a mitad de la noche no solo rompería el trance del anciano con un susto de bajísimo presupuesto, sino que el estruendo arruinaría la armonía sonora de la casa y, peor aún, podría salpicarle la calzada de las botas si algún residuo salía volando. La falta de sintaxis logística en esa cocina era alarmante.

—Por el amor a las artes... ¡pero qué falta de ramoya! —pensó Raito con profunda indignación. No había tiempo para discursos. Sin romper el trance del anciano y sin perder un solo gramo de compostura, Raito entró en acción.

Se desplazó en un movimiento fluido y lateral, cruzando la cocina como si estuviera ejecutando una coreografía de ballet de alta gama. Extendió el brazo derecho con la precisión de un esgrimista, luciendo su anillo brillante bajo la tenue luz, y colocó la palma de la mano justo debajo del recipiente metálico en el milisegundo exacto en que este decidió desplomarse.

El metal cayó suavemente sobre sus dedos sin emitir el más mínimo ruido. Raito atrapó el recipiente en el aire con una elegancia impecable, amortiguando el impacto con la muñeca como si estuviera recibiendo una copa de champán en una gala.

Con el recipiente asegurado en una mano y sin despeinarse un solo mechón, Raito se inclinó levemente hacia el anciano, que continuaba hurgando en el armario a ciegas, completamente ajeno al rescate cinematográfico que acababa de ocurrir a escasos centímetros de su cabeza —Señor... el departamento de utilería acaba de salvar su clímax dramático —susurró Raito, proyectando la voz con una modulación gélida pero aterciopelada mientras guardaba el recipiente a salvo en el mostrador — La cocina no cuenta con la composición cromática adecuada para su banquetes nocturnos. El pescado ha sido cancelado de la programación por falta de presupuesto —.

Aprovechando que el anciano tenía ambas manos ocupadas en la alacena, Raito se interpuso suavemente con el torso, usando la espalda para bloquear el acceso al armario de forma fluida y sin empujones vulgares. Colocó una mano en el hombro del anciano con extrema delicadeza, aplicando la presión justa para girarlo suavemente hacia el pasillo — Permítame guiar su reparto de vuelta a la camerino principal —murmuró Raito, señalando la habitación del fondo con un gesto dramático de su mano libre— Mañana los críticos aprobarán su actuación, pero solo si el telón cae en este preciso instante —.
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