01-08-2026, 12:37 AM
48 de verano en el puerto de nami, país de las olas.
Alguien me recomendó que para pasar la jaqueca debía tomar un poco más… ¡Que mala recomendación! Me dolía todo después de aquella otra misión salvando la vida animal y todo eso, me dolía tanto que decidí seguir tomando un poco más, pero que definitivamente no volvería a repetir ¡Jamás! Pues, desde ahora debería dejar de creerle a la gente tan fácilmente… Después de todo, honestamente… aunque me juren por algún dios que harán algo, siempre terminan traicionándome cuando menos me lo espero… Ejemplos había demás, pero jamás los escuchaba ¡Para que le creo a Issei! Ya me sonaba que estaba siendo demasiado buena onda conmigo aquel mal nacido, pues fue el quien me dijo que podría solucionar así mi problema.
Fuese como fuese, hoy me tocaba una misión bastante simple por suerte debía patrullar el puerto en busca de que no hubiera incidentes, lo cual me dejaba tiempo de poder hacer de turista con todo el ánimo del mundo ¡Si no fuese por jaqueca! Pues me encontraba desganada caminando por el puerto con mi velo y traje negro tan reglamentario, pues a diferencia de aquel tonto que me había revelado el apellido ese de alguno de los Mori, ahora simplemente me daban ganas de descansar y tomar algo de agua, sin que me jodieran mas de la cuenta, séase con esta misión o con alguna nalgada… ¡De donde sacaron tan rápido que ese era un saludo! Solo moleste a un compañero y de repente me habían nalgueado, suspire mientras veía a los niños jugar desde lejos, era extraña la tranquilidad de un pueblo tan pequeño, kiri siempre estaba llena de bullicio a pesar de que lloviese, hiciese calor o la niebla no te dejase ver hacia adelante.
Entonces me quedé pensando sobre un par de estupideces más, mientras los niños me miraban extrañados, les sonreí devuelta simplemente, logrando que las madres me mirasen asustadas y se los llevasen, incluso uno de ellos le dijo a su madre -¡Mamá! Mira ese fantasma – haciendo que la mujer saliese corriendo con su niño disculpándose ante mí, supuse que habrían visto a la capa de los invitados shinobis y les habría dado terror la mera existencia de alguien azul, así que sonríe gustosa -¡Descuiden! La próxima vez seré mas amable. – Haciendo que las mujeres huyesen despavoridas, dejándome muda unos segundos -Hm… Creí eso aligeraría un poco el aire- me comente a mi misma mientras la migraña en mi cerebro seguía haciendo de las suyas, caminando por el resto del pueblo, evidentemente saliendo de la plaza marea que tanto usaban para divertirse los niños, prosiguiendo por el mercado del mar, el cual se encontraba abarrotado de varias personas, algunos de ellos vendiendo el pescado que Kiri siempre alegaba escasea, unos cuantos vendiendo armas y equipo, otros vendiendo juguetes viejos ¡E incluso coleccionables! La variedad era enorme por lo que me quede viendo un par de peluches agraciada, con la mirada perdida…
-Son hermosos… - exclame mirando la vitrina llena de amigos felpudos, momento en el cual un hombre aprovecho de robarle a otro sujeto su billetera, lo cual me hizo suspirar de vergüenza ajena teniendo que dejar mi aprecio por los apapachables muñecos – ¿Es en serio listillo? – Dije lanzándole un kunai al hombro al tipo que se encontraba solo a un par de metros al frente mío, dando un par de pasos para encontrarme arriba de él sentándomele encima, momento en el cual continuaría con mi monologo -Jamás robes cerca de un shinobi- Explique dándole un coscorrón el cual lo dejaría inconsciente, tomando en mis brazos y empezando a caminar a entregándole al hombre asustado que le habrían robado su billetera -Tenga exclame- sin que este me respondiera ¿habría quedado atónito o qué? Por lo que me agache poniéndome de cuclillas dejando la billetera en el suelo y siguiendo mi camino hacia donde pudiese entregar al recluso, pues… Aunque me encontrase con dolor de cabeza y una tremenda jaqueca quería poder ser útil a este pequeño pueblo que nos había recibido tan amablemente…
Las horas pasaron mientras caminaba por el deposito de sal y el barrio puerto, jamás había visto una arquitectura tan distinta, pero que me daba sabores tan parecidos a los de kiri… Era como tener el mismo plato, pero con un sabor diferente cada vez que lo probabas, siempre con el mejor que te gustase ¿Acaso la monotonía de esta vida había sido reemplazada en este viaje? Fuese como fuese, me gustaba pensar que todo iba a mejor, después de todo, había cumplido mi misión.
Alguien me recomendó que para pasar la jaqueca debía tomar un poco más… ¡Que mala recomendación! Me dolía todo después de aquella otra misión salvando la vida animal y todo eso, me dolía tanto que decidí seguir tomando un poco más, pero que definitivamente no volvería a repetir ¡Jamás! Pues, desde ahora debería dejar de creerle a la gente tan fácilmente… Después de todo, honestamente… aunque me juren por algún dios que harán algo, siempre terminan traicionándome cuando menos me lo espero… Ejemplos había demás, pero jamás los escuchaba ¡Para que le creo a Issei! Ya me sonaba que estaba siendo demasiado buena onda conmigo aquel mal nacido, pues fue el quien me dijo que podría solucionar así mi problema.
Fuese como fuese, hoy me tocaba una misión bastante simple por suerte debía patrullar el puerto en busca de que no hubiera incidentes, lo cual me dejaba tiempo de poder hacer de turista con todo el ánimo del mundo ¡Si no fuese por jaqueca! Pues me encontraba desganada caminando por el puerto con mi velo y traje negro tan reglamentario, pues a diferencia de aquel tonto que me había revelado el apellido ese de alguno de los Mori, ahora simplemente me daban ganas de descansar y tomar algo de agua, sin que me jodieran mas de la cuenta, séase con esta misión o con alguna nalgada… ¡De donde sacaron tan rápido que ese era un saludo! Solo moleste a un compañero y de repente me habían nalgueado, suspire mientras veía a los niños jugar desde lejos, era extraña la tranquilidad de un pueblo tan pequeño, kiri siempre estaba llena de bullicio a pesar de que lloviese, hiciese calor o la niebla no te dejase ver hacia adelante.
Entonces me quedé pensando sobre un par de estupideces más, mientras los niños me miraban extrañados, les sonreí devuelta simplemente, logrando que las madres me mirasen asustadas y se los llevasen, incluso uno de ellos le dijo a su madre -¡Mamá! Mira ese fantasma – haciendo que la mujer saliese corriendo con su niño disculpándose ante mí, supuse que habrían visto a la capa de los invitados shinobis y les habría dado terror la mera existencia de alguien azul, así que sonríe gustosa -¡Descuiden! La próxima vez seré mas amable. – Haciendo que las mujeres huyesen despavoridas, dejándome muda unos segundos -Hm… Creí eso aligeraría un poco el aire- me comente a mi misma mientras la migraña en mi cerebro seguía haciendo de las suyas, caminando por el resto del pueblo, evidentemente saliendo de la plaza marea que tanto usaban para divertirse los niños, prosiguiendo por el mercado del mar, el cual se encontraba abarrotado de varias personas, algunos de ellos vendiendo el pescado que Kiri siempre alegaba escasea, unos cuantos vendiendo armas y equipo, otros vendiendo juguetes viejos ¡E incluso coleccionables! La variedad era enorme por lo que me quede viendo un par de peluches agraciada, con la mirada perdida…
-Son hermosos… - exclame mirando la vitrina llena de amigos felpudos, momento en el cual un hombre aprovecho de robarle a otro sujeto su billetera, lo cual me hizo suspirar de vergüenza ajena teniendo que dejar mi aprecio por los apapachables muñecos – ¿Es en serio listillo? – Dije lanzándole un kunai al hombro al tipo que se encontraba solo a un par de metros al frente mío, dando un par de pasos para encontrarme arriba de él sentándomele encima, momento en el cual continuaría con mi monologo -Jamás robes cerca de un shinobi- Explique dándole un coscorrón el cual lo dejaría inconsciente, tomando en mis brazos y empezando a caminar a entregándole al hombre asustado que le habrían robado su billetera -Tenga exclame- sin que este me respondiera ¿habría quedado atónito o qué? Por lo que me agache poniéndome de cuclillas dejando la billetera en el suelo y siguiendo mi camino hacia donde pudiese entregar al recluso, pues… Aunque me encontrase con dolor de cabeza y una tremenda jaqueca quería poder ser útil a este pequeño pueblo que nos había recibido tan amablemente…
Las horas pasaron mientras caminaba por el deposito de sal y el barrio puerto, jamás había visto una arquitectura tan distinta, pero que me daba sabores tan parecidos a los de kiri… Era como tener el mismo plato, pero con un sabor diferente cada vez que lo probabas, siempre con el mejor que te gustase ¿Acaso la monotonía de esta vida había sido reemplazada en este viaje? Fuese como fuese, me gustaba pensar que todo iba a mejor, después de todo, había cumplido mi misión.