De una forma u otra se le había ofrecido al Uchiha un silbato especial, el cual llamaría la atención de chunins del clan Inuzuka que se encontraban patrullando los alrededores, protegiendo la aldea de criminales y actos ilícitos como los de la famosa Banda del Hurón. La noche finalmente llegaba a Konoha y la entrada al Bosque Senju se alzaba justo delante de Daeru Uchiha.
— Las cosas con la Banda del Hurón se están saliendo de control, pero debido a la escasez de shinobis nosotros tenemos el deber de patrullar la zona residencial. El encargado del registro te debió de dar un silbato, úsalo si las cosas se salen de control. Recuerda, la prioridad es encontrar y rescatar al leñador. Suerte, Daeru. —
Se trataba de Rokku Inuzuka y de su compañero, un lobo gris de gran tamaño. Este le deseó lo mejor al genin antes de marcharse a completar con su patrullaje, dejándole la misión de rescate al Uchiha. Aquello podía ser un paseo por el parque o el mismísimo infierno, pues todo dependía de que tan involucradas estaban las bandas criminales que tanta fuerza habían tomado en las últimas semanas.
Las ramas y hojas de los árboles de aquél bosque danzaban a la par de la briza nocturna, invitando al Uchiha con una calma aterradora.
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