26-07-2026, 10:03 PM
Cuando tome aquella mision en la taberna local que se encontraba en el territorio de las tierras de los bosques, me habia llamado ligeramente la atencion despues de todo, que un mercader necesitara que le escoltaran de una punta del pais al otro si era extraño mas la paga no era algo que llamara poderosamente la atencion y por ello, suponia que esta escolta solamente era porque, como era un mercader de bienes de primera necesidades, seguramente no tendria una gran defensa para las bestias que estarian en los bosques que lindaban con el pais del fuego. Claramente yo no me iba a meter directamente en el pais del fuego, por dos razones, primero yo no era exactamente querido en ese territorio y lo segundo no creia en el propio gobierno del territorio del fuego y tampoco el del agua, pero tenia que respetar sus jurisdicciones o de lo contrario, seria perseguido como un ninja malo.
De todas maneras, yo lo esperaria en el mercado de una ciudad no muy alejada del pais del fuego, porque necesitaba algo de distancia de los shinobis de ese lugar para no tener malas impresiones, despues de todo, yo seguia siendo un mercenario sin bandera o alienamiento hacia alguna de las cuatro naciones, o como ellos me llamaban, un vende lealtades, pero eso poco me importaba porque mi objetivo era otro, y sinceramente no buscaba estar bajo la bota de ningun burocrata por bastante tiempo menos con los traumas que llevaba encima. Aun asi, aquel mercader se notaba que era humilde porque el carromato que usaba no era algo obtentoso de ver, sino que era algo mas que un carro de madera modificado con riendas para dos caballos y un poco mas largo y ancho como para meter tizajas de arcilla y algunos cofres de madera donde seguramente guardaba algo de la comida y otros vienes que no debian estar expuestos al viento o al calor de luz sola, cosa que era algo tipico de los mercaderes ambulantes pero este sonaba mas a un transportista y no un mercader como tal, pero poco me importaba ese pequeño detalle. Tras dictar la distancia entre los dos puntos de referencia, sabria que tendriamos que correr un largo camino por las tierras de los bosques donde yo conocia bastante bien los caminos por los cuales minimizar los tiempos de ida hacia el puerto y tratar de reducir los encuentros con las bestias de los bosques, siendo que no serian pocos porque los lobos siempre eran atraidos por los caballos y la comida fresca que estaba transportando por aquel hombre.
Aun asi, las peleas con aquellas bestias no duraban exactamente mucho, no con mi entrenamiento y mi instinto de supervivencia, ademas de la compañia de mi pequeño lobo Ninken Hotaru, quien me daba una ventaja numerica en terminos de pelea y donde, gracias a que sabia como azar carne en los terrenos de los bosques y como sobrevivir en esos paramos, nos dariamos un buen festin con estos y dandole parte de la carne y las pieles tratadas para que aquel mercader las venderia, despues de todo, yo no las necesitaba porque no tenia un refugio armado todavia como para decir que era mi hogar. Para suerte de los tres, el viaje hacia el puerto del mar del este fue tranquilo mas alla de los esporadicos ataques de lobos, cosa que agradecia porque el hambre era algo que no podia satisfacer solamente con moras y hongos silvestres, y para cuando llegamos a salir de los fondosos bosques, pudimos divisar el camino empedrado que daba hacia la pequeña aldea costera que daba a a uno de los tantos puertos y que le haria poder viajar con tranquilidad hacia el pais del agua sin el temor de bandidos u otros peligros por el camino, y con ello, iria hacia la taberna local para reclamar la recompensa que habia dejado el mercader por mi escolta.
De todas maneras, yo lo esperaria en el mercado de una ciudad no muy alejada del pais del fuego, porque necesitaba algo de distancia de los shinobis de ese lugar para no tener malas impresiones, despues de todo, yo seguia siendo un mercenario sin bandera o alienamiento hacia alguna de las cuatro naciones, o como ellos me llamaban, un vende lealtades, pero eso poco me importaba porque mi objetivo era otro, y sinceramente no buscaba estar bajo la bota de ningun burocrata por bastante tiempo menos con los traumas que llevaba encima. Aun asi, aquel mercader se notaba que era humilde porque el carromato que usaba no era algo obtentoso de ver, sino que era algo mas que un carro de madera modificado con riendas para dos caballos y un poco mas largo y ancho como para meter tizajas de arcilla y algunos cofres de madera donde seguramente guardaba algo de la comida y otros vienes que no debian estar expuestos al viento o al calor de luz sola, cosa que era algo tipico de los mercaderes ambulantes pero este sonaba mas a un transportista y no un mercader como tal, pero poco me importaba ese pequeño detalle. Tras dictar la distancia entre los dos puntos de referencia, sabria que tendriamos que correr un largo camino por las tierras de los bosques donde yo conocia bastante bien los caminos por los cuales minimizar los tiempos de ida hacia el puerto y tratar de reducir los encuentros con las bestias de los bosques, siendo que no serian pocos porque los lobos siempre eran atraidos por los caballos y la comida fresca que estaba transportando por aquel hombre.
Aun asi, las peleas con aquellas bestias no duraban exactamente mucho, no con mi entrenamiento y mi instinto de supervivencia, ademas de la compañia de mi pequeño lobo Ninken Hotaru, quien me daba una ventaja numerica en terminos de pelea y donde, gracias a que sabia como azar carne en los terrenos de los bosques y como sobrevivir en esos paramos, nos dariamos un buen festin con estos y dandole parte de la carne y las pieles tratadas para que aquel mercader las venderia, despues de todo, yo no las necesitaba porque no tenia un refugio armado todavia como para decir que era mi hogar. Para suerte de los tres, el viaje hacia el puerto del mar del este fue tranquilo mas alla de los esporadicos ataques de lobos, cosa que agradecia porque el hambre era algo que no podia satisfacer solamente con moras y hongos silvestres, y para cuando llegamos a salir de los fondosos bosques, pudimos divisar el camino empedrado que daba hacia la pequeña aldea costera que daba a a uno de los tantos puertos y que le haria poder viajar con tranquilidad hacia el pais del agua sin el temor de bandidos u otros peligros por el camino, y con ello, iria hacia la taberna local para reclamar la recompensa que habia dejado el mercader por mi escolta.