22-07-2026, 08:13 PM
Misión pedida y aceptada aquí: Una dosis de paciencia
El despacho de asignación de misiones estaba inusualmente tranquilo aquella mañana. Apenas un puñado de genin aguardaban su turno mientras un chūnin revisaba distraídamente varios pergaminos apilados sobre el escritorio. Cuando Asuna pronunció su nombre, el hombre levantó la vista y esbozó una sonrisa.
- Uchiha Asuna... justo te estaba esperando. - Rebuscó entre los documentos hasta encontrar uno con un pequeño sello del Hospital de Konoha. - Parece que hoy te toca hacer de recadera. - No era la clase de misión que imaginaba al graduarse de la Academia, pero tampoco era quién para cuestionar las órdenes.
El pergamino descansaba entre sus manos mientras abandonaba el edificio de asignación de misiones. Un cielo cubierto por un manto de nubes grises filtraba la luz del sol, envolviendo Konoha en una agradable penumbra. No amenazaba lluvia, pero el aire conservaba ese frescor húmedo que solía precederle.
Asuna atravesó el vestíbulo del hospital con paso tranquilo hasta llegar al almacén de suministros. Allí la esperaba Himiko, que ya había preparado una pequeña caja de madera con varios frascos y envoltorios cuidadosamente ordenados, acompañados de un listado con los nombres y direcciones de los pacientes. Tras explicarle brevemente el contenido de cada paquete y la importancia de transportarlos con cuidado, la conversación tomó un rumbo inesperado cuando su madre dejó escapar, casi sin querer, que había hablado con la oficina de misiones para solicitar un encargo apropiado para una genin recién graduada.
La joven permaneció unos segundos en silencio, alternando la mirada entre la caja y el rostro de Himiko. Un leve suspiro escapó de sus labios antes de negar con la cabeza, visiblemente contrariada. Comprendía el motivo, sabía que todo nacía del miedo de una madre que ya había perdido demasiado, pero no podía evitar sentir que aquella misión no era fruto de sus propios méritos, sino de la necesidad de protegerla. Sin discutir ni reprocharle nada, tomó la caja con ambas manos, se despidió con una breve inclinación de cabeza y abandonó el hospital algo molesta, decidida a demostrar que era capaz de afrontar responsabilidades por sí misma.
- Kazuo Nakamura y… ¿quien ha escrito esto?. - Si bien los informes oficiales constaban de una caligrafía impoluta, no era así con las notas médicas. Estaba sentada en uno de los bancos que había a la salida del hospital, con la caja apoyada sobre las pierdas y la nota extendida justo encima de la misma. - Estoy segura de que esto es un uno, ¿pero para que quiero saber la edad? ¿Dónde esta la dirección?. - Tras algo más de media hora sin moverme de allí, creía haber descifrado por completo el contenido del mensaje.
La primera dirección la condujo hasta una modesta vivienda en uno de los barrios residenciales de Konoha. Era una casa pequeña, con un diminuto jardín en la entrada donde algunas flores comenzaban a florecer pese a que el invierno aún se resistía a marcharse del todo. Asuna llamó dos veces a la puerta, antes de escuchar unos pasos apresurados al otro extremo de la misma.
Al otro lado apareció un niño de no más de cinco años. Apenas le llegaba a la cintura y la observaba con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
- ¿Sí...?
La joven desvió la mirada hacia el pergamino que llevaba consigo.
- ¿Vive aquí Emi Takahashi?
El pequeño asintió con fuerza.
- ¡Es mi mamá!
Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y salió corriendo hacia el interior de la casa.
- ¡¡Mamá!! ¡¡Ha venido una ninja!!
Un instante después se escuchó una voz femenina procedente del fondo de la vivienda.
- ¿Una... qué?
Los pasos fueron acercándose lentamente hasta que una mujer apareció en el recibidor, envuelta en una manta y con evidentes signos de fiebre.
- Disculpa... - dijo con una sonrisa avergonzada mientras apoyaba una mano en el marco de la puerta -. Mi hijo siempre abre antes de preguntar quién es.
Asuna negó suavemente con la cabeza. - No se disculpe, yo era exactamente igual cuando era pequeña. Me llamo Asuna, vengo del hospital de Konoha, el médico me ha dado esto para usted. - Abrió la pequeña caja que llevaba y cogió dos de los tres recipientes. - Este. - Señaló unas hiervas. - Es para por la noche. - Tanto tiempo leyendo la nota le había servido incluso para poder explicarle el tratamiento. - 2 hojas en agua templada, cuando se disuelvan lo bebe. Le ayudara a despejar las fosas nasales, así podrá dormir mejor. Y esto. - Sacó una especie de jarabe, aunque no entendía exactamente lo que era.- Tiene que tomárselo por la mañana y por la noche durante 5 días. Y creo que eso es todo. - Sonrió levemente, el niño se acercó a Asuna, con la clara intención de abrazarla como había hecho con su madre, pero esta retrocedió instintivamente quedándose fuera del alcance del niño. “Es solo un niño” . - Dijo para si misma. - Espero que se recupere pronto, me marcho ya tengo otras entregas pendientes. - Se dio la vuelta y abandonó el patio.
La segunda dirección la llevó hasta una pequeña casa tradicional situada en un rincón tranquilo de la aldea. El jardín, aunque modesto, estaba impecablemente cuidado; un ciruelo comenzaba a mostrar los primeros brotes de la primavera y varias macetas descansaban alineadas junto al porche.
Asuna llamó con suavidad, pero no obtuvo respuesta. Volvió a hacerlo, esta vez con algo más de fuerza.
- ¡Ya voy, ya voy! ¡No hace falta tirar la puerta abajo!
Una voz grave y malhumorada respondió desde el interior. Al cabo de unos instantes, la puerta se abrió apenas un palmo, dejando ver a un anciano de cabello completamente blanco apoyado sobre un bastón.
- ¿Qué quieres?
Asuna consultó el pergamino.
- ¿Kazuo Nakamura?
- Depende de quién pregunte.
La joven levantó la pequeña caja de medicinas. - Hospital de Konoha.
El anciano soltó un resoplido y terminó de abrir la puerta.
- Otra vez esos médicos... Insisten en que descanse como si quedarse sentado fuera a arreglar unas rodillas viejas.
Asuna inspeccionó rápidamente el lugar, junto a la puerta un pequeño mueble, ese fue el lugar elegido para depositar las medicinas. El anciano la miró con duda. - ¿No me lo puedes dar en la mano?. - Asuna le miró fijamente. - ¿No dice que esta harto que le obliguen a descansar? Así se mueve un poco. Mientras no salga de casa y se tome lo que le han mandado, ¿todos ganamos no? . -El anciano se sorprendió por la respuesta, no era algo muy típico de una kunoichi, y menos de alguien tan joven. - Eres interesante, bueno si ya has acabo márchate. - Y cerró la puerta tras eso.
Todo había sido entregado, así que la misión estaba cumplida, solo debía volver e informar. Aún ni siquiera era la hora de comer, podría disfrutar de una tarde tranquila, o quizás incluso embarcarme en otra pequeña aventura.
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