22-07-2026, 03:24 PM
El borde del distrito pesquero de Kirigakure solía ser el rincón donde el ruido de la aldea terminaba por ahogarse en la bruma. En esa zona, levantada sobre pilotes de madera carcomida por el salitre y parches de metal oxidado, se alzaba la modesta vivienda de Hiroshi, un viejo pescador retirado cuya espalda encorvada guardaba el peso de décadas de mar abierto. La casa era un pequeño refugio maltrecho: redes de pesca antiguas colgaban de las paredes exteriores secándose al aire húmedo, trampas para cangrejos apiladas en la entrada y el característico olor a madera mojada, sal y pescado seco envolviéndolo todo.
A diferencia de las solicitudes habituales que llegaban al escritorio de administración de la aldea, el encargo entregado a la Genin respondía a una urgencia mucho más cotidiana, pero desgarradora para su único habitante.
Hiroshi esperaba sentado en un taburete de madera en la pequeña plataforma que daba al canal, vistiendo un chaleco de lana raído y sujetando entre sus manos una taza de té humeante. Sus ojos, pequeños y gastados por la neblina, se iluminaron con una mezcla de alivio y vergüenza al ver aproximarse al shinobi enviado por la oficina.
El anciano dejó la taza a un lado y se puso en pie con cierta dificultad, apoyándose en el marco de la puerta de su casa.
—Ah... por fin llegas.... muchacha—dijo el viejo Hiroshi con una voz rasposa, arrugada por los años, mientras señalaba con una mano temblorosa un pequeño estanque delimitado con cañas de bambú al lado de su vivienda. Aunque también era real decir que el señor se sorprendiera que fuese una mujer – Disculpa que haya hecho acudir a un ninja de la aldea para algo como esto, pero... no sé a quién más recurrir. Mi compañero, Kamo... mi pato doméstico, desapareció ayer por la tarde. Nunca se aleja de la plataforma. Dejó su tazón de comida intacto y encontré unas cuantas plumas sueltas cerca de la orilla del canal – El viejo suspiró, mirando hacia el agua estancada del muelle con evidente preocupación.
—Ese animal ha estado conmigo desde que me retiré de los barcos. Me temo que se lo haya llevado la corriente... o algo peor. Por favor, revisa la zona. Dime si puedes encontrar alguna pista de hacia dónde fue –.
A diferencia de las solicitudes habituales que llegaban al escritorio de administración de la aldea, el encargo entregado a la Genin respondía a una urgencia mucho más cotidiana, pero desgarradora para su único habitante.
Hiroshi esperaba sentado en un taburete de madera en la pequeña plataforma que daba al canal, vistiendo un chaleco de lana raído y sujetando entre sus manos una taza de té humeante. Sus ojos, pequeños y gastados por la neblina, se iluminaron con una mezcla de alivio y vergüenza al ver aproximarse al shinobi enviado por la oficina.
El anciano dejó la taza a un lado y se puso en pie con cierta dificultad, apoyándose en el marco de la puerta de su casa.
—Ah... por fin llegas.... muchacha—dijo el viejo Hiroshi con una voz rasposa, arrugada por los años, mientras señalaba con una mano temblorosa un pequeño estanque delimitado con cañas de bambú al lado de su vivienda. Aunque también era real decir que el señor se sorprendiera que fuese una mujer – Disculpa que haya hecho acudir a un ninja de la aldea para algo como esto, pero... no sé a quién más recurrir. Mi compañero, Kamo... mi pato doméstico, desapareció ayer por la tarde. Nunca se aleja de la plataforma. Dejó su tazón de comida intacto y encontré unas cuantas plumas sueltas cerca de la orilla del canal – El viejo suspiró, mirando hacia el agua estancada del muelle con evidente preocupación.
—Ese animal ha estado conmigo desde que me retiré de los barcos. Me temo que se lo haya llevado la corriente... o algo peor. Por favor, revisa la zona. Dime si puedes encontrar alguna pista de hacia dónde fue –.
![[Imagen: q0yojli.png]](https://i.imgur.com/q0yojli.png)