Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kinzo vs Ibuki
忍 SG
知
¿Sabías que… los Senju ayudaron a crear granjas especiales para alimentar de manera segura a los insectos Aburame?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato   ›   Hospitales   ›   [Misión Simple] [Misión rango D autonarrada] El paciente perdido.
Responder
[Misión rango D autonarrada] El paciente perdido.
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra60(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud11
Velocidad14
Tenketsu11
Sigilo15
560
535
Enlace al Post
22-07-2026, 07:53 AM
5 de Primavera del Año 150
Kirigakure no sato
Hospitales - Puerto Funato

La mañana había comenzado tranquila en Kirigakure. Una llovizna fina caía sobre los techos de madera del distrito médico mientras la niebla avanzaba lentamente entre los edificios, envolviendo el Hospital de la Niebla en ese silencio húmedo que parecía acompañarlo desde su construcción. A diferencia del bullicioso puerto, allí predominaban las conversaciones en voz baja, el ir y venir apresurado de enfermeros y el inconfundible aroma de hierbas medicinales mezclado con desinfectantes y vendas recién preparadas. Los pacientes ocupaban los largos bancos de la recepción aguardando ser llamados, algunos conversando con familiares y otros simplemente observando la lluvia caer detrás de los grandes ventanales.
Orión cruzó la entrada principal con la serenidad que lo caracterizaba. La enorme figura azul llamó la atención de varios presentes durante apenas unos segundos antes de que cada uno regresara a sus asuntos. Entre los dientes sostenía un pequeño trozo de madera seca que masticaba distraídamente mientras sus enormes ojos recorrían el edificio. No le agradaban especialmente los hospitales. No por miedo a la enfermedad ni a la sangre, sino porque el olor del lugar le recordaba demasiado a las despedidas. Respiró hondo y continuó avanzando hasta el mostrador principal, donde una enfermera de cabello oscuro parecía esperarlo desde hacía rato.

-¿Orión Hoshigaki?

El shinobi asintió con un leve movimiento de cabeza. La mujer soltó un suspiro de alivio.

-Gracias por venir tan rápido. Tenemos un pequeño inconveniente.

Orión aguardó en silencio. Ya había aprendido que cuando alguien describía un problema como “pequeño”, normalmente no lo era. La enfermera tomó una carpeta repleta de anotaciones y comenzó a caminar por uno de los pasillos mientras le explicaba la situación. Dos médicos se cruzaron con ellos empujando una camilla, un grupo de aprendices transportaba cajas con suministros y, desde una habitación cercana, llegaba la risa de un niño que seguramente ya se encontraba mejor. Aquel sitio parecía vivir entre la tranquilidad y el caos al mismo tiempo.

-El paciente se llama Genzo. Tiene setenta y ocho años. Es pescador desde que era un niño y lleva una semana internado por una lesión en las costillas provocada durante una tormenta.
Doblaron una esquina.

-Esta madrugada desapareció.

Orión levantó apenas una ceja. La enfermera comprendió inmediatamente la pregunta.

-No fue un secuestro. Escapó.

Continuaron avanzando hasta una habitación situada junto a una ventana. La cama estaba perfectamente tendida. Sobre la mesa descansaban un vaso de agua, varias vendas y una nota escrita con una caligrafía temblorosa. La enfermera la tomó entre las manos.

-La dejó antes de marcharse.

Le entregó el papel. “Las costillas sanan pescando. No acostado.” Orión observó la frase durante unos segundos antes de devolver la nota. La enfermera dejó escapar una pequeña sonrisa resignada.

-Ese hombre lleva cuarenta años diciendo exactamente lo mismo.

Siguieron caminando hasta una oficina donde los esperaba un médico de avanzada edad. El hombre revisaba varios informes cuando levantó la vista y descubrió al enorme Hoshigaki.

-Supongo que usted es nuestro salvavidas.

Orión permaneció en silencio. El médico no pareció incomodarse.

-Genzo es terco. Muy terco. Si intenta obligarlo a volver, escapará otra vez. Necesitamos que regrese por voluntad propia. Su estado no es grave, pero tampoco puede seguir cargando redes ni remando durante horas con las costillas lesionadas.

Abrió un viejo mapa del distrito portuario sobre el escritorio.

-Conocemos demasiado bien sus costumbres.

El médico fue marcando distintos puntos con el dedo mientras hablaba.

-Todas las mañanas desayuna cerca del muelle oeste. Después visita una pequeña tienda donde compra anzuelos, aunque nunca los necesita. Luego pasa por los embarcaderos para revisar cómo trabajan los pescadores jóvenes. Siempre encuentra algo para criticar.

La enfermera sonrió.

-Dice que las redes modernas pescan peces… pero no enseñan paciencia.

El médico continuó.

-Si no está en ninguno de esos lugares, seguramente habrá ido hasta su viejo bote. Lleva meses intentando repararlo pese a que apenas se mantiene a flote.

Orión observó detenidamente el mapa. No necesitaba memorizarlo. Conocía el puerto casi tan bien como el anciano que estaba buscando. Había crecido recorriendo aquellos mismos muelles, respirando el mismo olor a sal y escuchando las mismas historias de pescadores que creían entender al océano.
Guardó el mapa enrollado bajo un brazo y emprendió la marcha hacia la salida del hospital. Antes de abandonar el edificio, la enfermera volvió a llamarlo.

-Una última cosa.

Orión giró apenas la cabeza.

-No le diga que lo estamos esperando preocupados.

El Hoshigaki aguardó la explicación.

-Porque responderá que todavía no estamos preocupados lo suficiente.

Por primera vez en toda la mañana, una pequeña carcajada grave escapó del pecho de Orión.
No era una risa de diversión. Era el reconocimiento silencioso de haber encontrado a alguien tan testarudo como el propio mar.
Sin decir una palabra más, abandonó el hospital y tomó el camino que descendía hacia el Puerto Funato. Si el anciano realmente había vuelto a donde pertenecía, no serían los médicos quienes lo encontrarían primero. Sería otro hombre que también había aprendido a escuchar el océano antes que a las personas.

El aire del puerto era distinto al del hospital. Más pesado. Más vivo. La humedad impregnaba cada tablón de los embarcaderos y el incesante ir y venir de pescadores devolvía al lugar el ruido habitual de una jornada de trabajo. Las embarcaciones llegaban cargadas de redes, los comerciantes discutían el precio del pescado y las gaviotas sobrevolaban los muelles esperando la oportunidad de robar algún descuido. Orión caminaba sin prisa entre aquella multitud, respirando profundamente. No necesitaba preguntar demasiado; el puerto siempre dejaba rastros para quien supiera observar.
Primero pasó por el pequeño puesto donde el anciano compraba anzuelos desde hacía décadas. El dueño negó con la cabeza antes incluso de que Orión abriera la boca. Después recorrió el muelle donde solía detenerse a criticar el trabajo de los jóvenes pescadores. Tampoco estaba allí. Sin embargo, un muchacho que reparaba una red señaló discretamente hacia un viejo embarcadero apartado, casi oculto entre dos depósitos de madera.

-Si busca al viejo Genzo creo que fue para allá. Lo vi cargar un balde y un martillo.

Orión agradeció con una leve inclinación de cabeza y continuó caminando. El lugar señalado era uno de los rincones más antiguos del Puerto Funato. Allí descansaban embarcaciones que ya casi nadie utilizaba, algunas sostenidas únicamente por la costumbre de sus dueños de negarse a abandonarlas. El silencio volvía a imponerse conforme se alejaba del bullicio principal, acompañado únicamente por el golpeteo del agua contra los pilotes. No tardó en encontrarlo.

Sentado sobre el borde de un pequeño bote de madera, un anciano de espesa barba gris lijaba pacientemente una tabla del casco como si dispusiera de todo el tiempo del mundo. Varias costillas estaban vendadas bajo su camisa abierta y, aun así, trabajaba con una tranquilidad admirable. A su alrededor descansaban un balde con brea, algunas herramientas oxidadas y un montón de redes cuidadosamente dobladas. Sin levantar la vista, el viejo habló.

-Tardaron bastante en mandarte.

Orión permaneció inmóvil unos segundos antes de acercarse.

-Los médicos caminan lento.

El anciano soltó una carcajada ronca.

-Los médicos viven lento.

Volvió a pasar la lija sobre la madera.

-Seguro vienen a decirme que vuelva.

Orión no respondió. Simplemente se sentó sobre uno de los pilotes cercanos, dejando que el silencio hiciera su trabajo. Durante varios minutos ninguno de los dos habló. El único sonido provenía de la lija raspando la madera y de las pequeñas olas golpeando suavemente contra el casco del bote. Finalmente, Genzo dejó la herramienta a un lado.

-¿Sabés cuál es el problema de esos doctores?

Orión aguardó.

- Creen que un hombre vive porque respira.

El anciano apoyó una mano sobre la vieja embarcación.

-Yo vivo porque salgo al mar.

Sus ojos recorrían cada tabla del bote con un cariño imposible de fingir.

-Mi hijo construyó esta embarcación cuando todavía tenía tus años. Después se hizo shinobi… y nunca volvió. Desde entonces la reparo cada primavera, aunque ya no navegue lejos. No lo hago por el bote. Lo hago para no olvidarme de sus manos.

Orión guardó silencio. Entendía demasiado bien aquellas palabras. El mar también le había quitado personas importantes y, aun así, nunca había dejado de regresar a la costa. El anciano sonrió con tristeza.

-¿Ves? Por eso escapé. No porque odie el hospital sino porque todavía necesito terminar esto.

Orión observó el casco durante unos segundos. Después se levantó, tomó el martillo que descansaba junto al balde de brea y comenzó a fijar una de las tablas flojas sin decir una sola palabra. Genzo arqueó una ceja. Durante casi una hora trabajaron juntos. No hicieron falta grandes conversaciones. Uno sostenía las piezas mientras el otro las ajustaba. Repararon una grieta, cambiaron un cabo desgastado y terminaron de impermeabilizar la proa. Cuando finalizaron, el pequeño bote volvía a verse digno de surcar los canales. El anciano pasó una mano por la madera recién reparada y sonrió satisfecho.

-Ahora sí.

Respiró profundamente.

-Ahora puedo volver.

Orión dejó el martillo en su lugar. Ambos emprendieron el regreso caminando despacio hacia el hospital. Los médicos levantaron la vista al ver aparecer al anciano acompañado por el enorme Hoshigaki y el alivio fue La enfermera no tardó en acercarse para ayudarlo a sentarse mientras el doctor negaba con la cabeza, resignado.

-Sabía que solo volvería cuando quisiera.

Genzo soltó una risa cansada.

-No vine porque ustedes me convencieran.

Señaló discretamente a Orión.

-Vine porque entendió que algunos hombres primero terminan una promesa y después curan las costillas.

El médico suspiró sin discutir. Orión abandonó el hospital tan silenciosamente como había llegado. Mientras descendía nuevamente hacia el puerto, sacó un pequeño trozo de madera del bolsillo y volvió a masticarlo con tranquilidad. Miró un instante el océano, dejó escapar una breve carcajada y murmuró para sí

-Hay botes que flotan con tablas… y otros con recuerdos. Los segundos pesan mucho más.
Masashi Kishimoto
Enlace al Post
22-07-2026, 12:40 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión rango D autonarrada] El paciente perdido. (TID 14145)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Orión — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)