22-07-2026, 06:11 AM
Última modificación: 22-07-2026, 06:11 AM por Kyo.
Día 5 de verano — Muelle de Kirigakure
El muelle de Kirigakure mantenía su actividad habitual durante la mañana del quinto día de verano. Los barcos de pesca entraban y salían del puerto, mientras los trabajadores descargaban cajas y preparaban las embarcaciones que partirían durante las próximas horas. El movimiento era constante. Había comerciantes revisando mercancía y marineros transportando provisiones. El ruido de las herramientas se mezclaba con el agua golpeando los pilares de madera.
Kyoshiro había llegado hasta allí después de completar una entrega para la panadería de sus padres. Una embarcación mercante había solicitado varias bolsas de pan para un viaje corto, y su padre le había encargado llevarlas antes de que el barco abandonara el puerto. La tarea no había sido complicada, aunque el joven había tardado más de lo necesario. Se había detenido varias veces durante el camino y casi había olvidado cuál era la embarcación correcta. Después de entregar el pedido, no regresó inmediatamente al Distrito Comercial. Tenía unos minutos libre y los aprovecharía.
Kyoshiro caminó por el muelle sin seguir una dirección específica. Llevaba las manos dentro de los bolsillos de su hoodie azul y observaba los barcos amarrados. Algunos eran pequeños y estaban cubiertos por redes. Otros tenían suficiente espacio para transportar personas y mercancía entre distintas islas del País del Agua. Cada uno parecía tener un destino diferente, aunque desde el muelle la mayoría se veía igual.
Terminó sentándose cerca del borde, en una zona donde no interrumpía demasiado el paso de los trabajadores. Dejó que las piernas colgaran sobre el agua y apoyó a su lado la bolsa vacía que había usado durante la entrega Le sobró una bolsa de pan que su padre había alistado para él. Todavía debía regresar con el pago, pero no tenía ninguna prisa por volver a la panadería. Sus padres ya estaban acostumbrados a que una entrega de veinte minutos se transformara en una ausencia mucho más larga.
Agarró un poco del pan, lo partió y se lo llevó a la boca. Guardó la otra parte. Sacó de uno de sus bolsillos el pequeño cuaderno que siempre llevaba consigo. Lo abrió por una página en blanco y sostuvo el lápiz durante unos segundos, sin escribir nada. Su atención pasó del papel a una embarcación que estaba siendo preparada para salir. Los marineros revisaban las cuerdas y acomodaban las últimas cajas bajo la cubierta. Kyoshiro bajó la mirada hacia su cuaderno y comenzó a marcar un ritmo con el lápiz sobre la tapa. El sonido era bajo, pero seguía el movimiento del puerto. Cada golpe coincidía con alguna caja colocada sobre la madera o con el crujido de las embarcaciones. Poco a poco agregó otros movimientos con los dedos, tratando de convertir los ruidos del muelle en una melodía sencilla...Pero...No llegó a escribirla.
La idea cambió antes de que pudiera ordenarla. En su lugar, dibujó la forma de uno de los barcos y anotó varios nombres posibles para una canción. Ninguno le pareció lo bastante bueno, así que los tachó. Cerró el cuaderno y permaneció sentado frente al agua. A su espalda continuaban pasando trabajadores, shinobi y viajeros. Algunos se dirigían hacia los barcos. Otros acababan de regresar a la aldea. Kyoshiro no prestó demasiada atención a ninguno en particular, aunque tampoco hizo nada por aislarse...El espacio a su alrededor permanecía libre y el joven no parecía tener intención de marcharse pronto.
El muelle de Kirigakure mantenía su actividad habitual durante la mañana del quinto día de verano. Los barcos de pesca entraban y salían del puerto, mientras los trabajadores descargaban cajas y preparaban las embarcaciones que partirían durante las próximas horas. El movimiento era constante. Había comerciantes revisando mercancía y marineros transportando provisiones. El ruido de las herramientas se mezclaba con el agua golpeando los pilares de madera.
Kyoshiro había llegado hasta allí después de completar una entrega para la panadería de sus padres. Una embarcación mercante había solicitado varias bolsas de pan para un viaje corto, y su padre le había encargado llevarlas antes de que el barco abandonara el puerto. La tarea no había sido complicada, aunque el joven había tardado más de lo necesario. Se había detenido varias veces durante el camino y casi había olvidado cuál era la embarcación correcta. Después de entregar el pedido, no regresó inmediatamente al Distrito Comercial. Tenía unos minutos libre y los aprovecharía.
Kyoshiro caminó por el muelle sin seguir una dirección específica. Llevaba las manos dentro de los bolsillos de su hoodie azul y observaba los barcos amarrados. Algunos eran pequeños y estaban cubiertos por redes. Otros tenían suficiente espacio para transportar personas y mercancía entre distintas islas del País del Agua. Cada uno parecía tener un destino diferente, aunque desde el muelle la mayoría se veía igual.
Terminó sentándose cerca del borde, en una zona donde no interrumpía demasiado el paso de los trabajadores. Dejó que las piernas colgaran sobre el agua y apoyó a su lado la bolsa vacía que había usado durante la entrega Le sobró una bolsa de pan que su padre había alistado para él. Todavía debía regresar con el pago, pero no tenía ninguna prisa por volver a la panadería. Sus padres ya estaban acostumbrados a que una entrega de veinte minutos se transformara en una ausencia mucho más larga.
Agarró un poco del pan, lo partió y se lo llevó a la boca. Guardó la otra parte. Sacó de uno de sus bolsillos el pequeño cuaderno que siempre llevaba consigo. Lo abrió por una página en blanco y sostuvo el lápiz durante unos segundos, sin escribir nada. Su atención pasó del papel a una embarcación que estaba siendo preparada para salir. Los marineros revisaban las cuerdas y acomodaban las últimas cajas bajo la cubierta. Kyoshiro bajó la mirada hacia su cuaderno y comenzó a marcar un ritmo con el lápiz sobre la tapa. El sonido era bajo, pero seguía el movimiento del puerto. Cada golpe coincidía con alguna caja colocada sobre la madera o con el crujido de las embarcaciones. Poco a poco agregó otros movimientos con los dedos, tratando de convertir los ruidos del muelle en una melodía sencilla...Pero...No llegó a escribirla.
La idea cambió antes de que pudiera ordenarla. En su lugar, dibujó la forma de uno de los barcos y anotó varios nombres posibles para una canción. Ninguno le pareció lo bastante bueno, así que los tachó. Cerró el cuaderno y permaneció sentado frente al agua. A su espalda continuaban pasando trabajadores, shinobi y viajeros. Algunos se dirigían hacia los barcos. Otros acababan de regresar a la aldea. Kyoshiro no prestó demasiada atención a ninguno en particular, aunque tampoco hizo nada por aislarse...El espacio a su alrededor permanecía libre y el joven no parecía tener intención de marcharse pronto.
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