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El Entrenamiento comienza a dar frutos
Adarel
Rango Genin
Clan Hyuga
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza35(2)
Ctrl. de Chakra85(4)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad17
Tenketsu9
Sigilo9
340
460
Enlace al Post
20-07-2026, 07:14 AM
El bosque que rodeaba el campo de entrenamiento permanecía en absoluto silencio, roto únicamente por el murmullo del viento entre las hojas y la respiración pausada de Adarel. De pie sobre los adoquines desgastados, su larga cabellera blanca caía de forma impecable sobre el atuendo tradicional de la rama Hyūga. Sus ojos pálidos, privados de pupila, permanecían fijos en un pilar de madera reforzado situado a varios metros de distancia.

Al principio, el Hakke Kūshō no había sido más que una brusca descarga de energía; un golpe de chakra cercano que perdía cohesión apenas se alejaba un par de pasos de su palma. Para cualquier ninja común, comprimir aire y chakra para proyectarlo en la distancia requería una fuerza bruta desmedida. Pero para un Hyūga, la clave jamás radicaba en la brusquedad, sino en el control absoluto del flujo interno.

Adarel cerró los ojos un instante y canalizó chakra hacia el centro de su frente. Bajo la superficie de su piel, la pequeña hendidura de su Ojo Vestigial comenzó a reaccionar. No era un órgano completo, sino una anomalía latente que, al impregnarse de su energía, expandía las venas alrededor de su rostro y le otorgaba un punto de visión reflexivo único. Al "observarse" a sí mismo desde esa perspectiva invertida, el entramado de sus propios tenketsu se volvió absolutamente nítido.

«Ahí está», se dijo Adarel en un diálogo interno enraizado en la disciplina. «El chakra no debe acumularse como una masa pesada en el brazo. Si bloqueo el flujo en el hombro, la onda se dispersa antes de salir. Debe viajar como un torrente uniforme desde el centro hasta la punta de los dedos.»

Flexionó levemente las rodillas, adoptando la postura del Jūken. Al extender la palma derecha hacia el frente, sintió el chasquido del aire al comprimirse. La energía azulada no estalló violentamente de inmediato; en cambio, Adarel guio la vibración mediante la observación minuciosa de sus red de canales. Con cada ciclo de respiración, ajustaba la presión.

Lanzó el primer impacto. Una ráfaga invisible cortó el aire y golpeó el pilar a diez metros. La madera crujió, pero la marca fue difusa.

«Aún hay fugas», analizó en silencio, limpiándose un hilo de sudor de la sien. «El alcance aumentó, pero la densidad se diluye. Si no mantengo el enfoque en los tenketsu del antebrazo durante la expulsión, la energía pierde consistencia en el trayecto.»

Volvió a posicionarse. Esta vez, utilizando la percepción adicional de su rasgo único, mantuvo la mirada fija en la tensión interna de sus canales mientras preparaba la técnica. Sintió cómo la masa de chakra Yang se moldeaba como un disco denso en el centro de su mano. No buscaba simplemente empujar; buscaba proyectar una onda de choque viva.

Extendió el brazo con un movimiento seco, directo y elegante.

El aire entre él y el objetivo pareció distorsionarse. Un estallido sordo resonó en el claro mientras la onda concéntrica recorrió quince, veinte metros sin perder un solo ápice de forma. El impacto dio de lleno en la estructura de madera, partiéndola en dos con una violencia limpia y precisa, levantando una cortina de polvo y pétalos de cerezo.

Adarel exhaló despacio, viendo cómo el flujo de su chakra regresaba a su ritmo habitual y las venas de su frente se atenuaban. La distancia ya no era una barrera insuperable; el Hakke Kūshō había dejado de ser un intento torpe para convertirse en una verdadera extensión de su dominio.
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