08-07-2026, 02:24 AM
Última modificación: 08-07-2026, 02:25 AM por Narrador 10.
Día despues del desfile | Verano | Año 150 | Konohagakure no Sato.
La mañana siguiente al desfile amaneció muy distinta a la del día anterior. Las calles de Konoha conservaban restos de la celebración, algunos estandartes ondeaban con desgana, los comerciantes retiraban puestos improvisados y los equipos de limpieza terminaban de barrer las hojas, el polvo y las huellas de todos los visitantes que habían llenado la aldea. La euforia había quedado atrás, ahora el ritmo habitual del pueblo recuperaba lentamente su lugar, acompañado por el murmullo cotidiano de vendedores, artesanos y shinobis que regresaban a sus obligaciones.
Las conversaciones en los mercados ya no giraban en torno a los espectáculos o las carrozas, sino a las anécdotas que había dejado la jornada anterior. Algunos vecinos comentaban los pequeños incidentes ocurridos entre la multitud, otros se felicitaban por el éxito del evento, mientras los comerciantes hacían balance de las ganancias obtenidas gracias a la enorme afluencia de visitantes, para la mayoría, el desfile no era más que un recuerdo agradable que poco a poco comenzaba a desvanecerse. Sin embargo, no todos habían vivido aquel día de la misma manera. Mientras cientos de personas disfrutaban del ambiente festivo, los cuerpos de seguridad de la aldea habían trabajado sin descanso para evitar que el caos propio de una celebración tan multitudinaria se convirtiera en una oportunidad para quienes buscaban sacar provecho. Carteristas, estafadores y oportunistas siempre aparecían cuando las calles se encontraban abarrotadas, y aunque la mayoría eran delincuentes menores, uno de ellos había demostrado ser bastante más escurridizo de lo esperado.
Para Daeru, la jornada prometía ser cualquier cosa menos rutinaria. Poco después del desayuno, un chūnin apareció frente a su vivienda con un pergamino sellado con el emblema de la Hoja. No era una misión convencional ni una convocatoria para entrenar. El mensaje era breve y directo, debía presentarse en el edificio de la Policía Militar antes del mediodía. Su participación en la captura del carterista durante el desfile había despertado el interés de los oficiales encargados del caso. El delincuente había resultado ser mucho más problemático de lo esperado. Lo que al principio parecía un simple ladrón oportunista terminó revelándose como un individuo con conocimientos básicos de Doton, suficientes para dificultar enormemente su persecución entre el caos de la multitud. Aprovechando cada rincón de las calles y cualquier superficie de tierra a su alcance, había intentado desaparecer una y otra vez, obligando a quienes lo perseguían a reaccionar con rapidez para impedir su escape.
Gracias a la intervención coordinada de los genin presentes, el hombre había sido reducido antes de desaparecer por completo bajo tierra, evitando que escapara con una considerable cantidad de objetos robados. Bolsas con dinero, joyas, pequeños pergaminos, relojes de bolsillo y pertenencias de decenas de asistentes fueron recuperadas tras su captura, permitiendo que muchas de ellas regresaran a manos de sus legítimos dueños antes de que terminara la celebración, desde entonces había permanecido bajo custodia. Las primeras declaraciones del detenido apenas habían servido para confirmar su identidad y levantar un informe preliminar. Aun así, varias inconsistencias en su versión de los hechos habían despertado el interés de los investigadores. Resultaba extraño que un simple carterista poseyera conocimientos de una naturaleza elemental y, más aún, que los empleara con tanta sangre fría para planificar una huida en medio de una concentración tan grande de personas. Aquello sugería que, detrás de su apariencia de ladrón común, podía esconderse una historia mucho más compleja.
Por ese motivo, la Policía Militar había decidido realizar un interrogatorio formal al día siguiente. No se trataba únicamente de esclarecer los robos cometidos durante el desfile, sino de averiguar el origen de las habilidades del detenido y comprobar si existía alguien más implicado en sus actividades. La invitación no garantizaba que Daeru participara activamente en el interrogatorio, únicamente indicaba que podría observar el procedimiento e intervenir si los responsables del caso lo consideraban oportuno. Después de todo, había visto al sospechoso actuar con sus propios ojos y conocía detalles del enfrentamiento que quizá resultaran útiles. Ahora solo quedaba que el joven Uchiha acudiera a la cita y descubriera por qué, entre todos los participantes de aquella persecución, habían solicitado específicamente su presencia.
Petición
La mañana siguiente al desfile amaneció muy distinta a la del día anterior. Las calles de Konoha conservaban restos de la celebración, algunos estandartes ondeaban con desgana, los comerciantes retiraban puestos improvisados y los equipos de limpieza terminaban de barrer las hojas, el polvo y las huellas de todos los visitantes que habían llenado la aldea. La euforia había quedado atrás, ahora el ritmo habitual del pueblo recuperaba lentamente su lugar, acompañado por el murmullo cotidiano de vendedores, artesanos y shinobis que regresaban a sus obligaciones.
Las conversaciones en los mercados ya no giraban en torno a los espectáculos o las carrozas, sino a las anécdotas que había dejado la jornada anterior. Algunos vecinos comentaban los pequeños incidentes ocurridos entre la multitud, otros se felicitaban por el éxito del evento, mientras los comerciantes hacían balance de las ganancias obtenidas gracias a la enorme afluencia de visitantes, para la mayoría, el desfile no era más que un recuerdo agradable que poco a poco comenzaba a desvanecerse. Sin embargo, no todos habían vivido aquel día de la misma manera. Mientras cientos de personas disfrutaban del ambiente festivo, los cuerpos de seguridad de la aldea habían trabajado sin descanso para evitar que el caos propio de una celebración tan multitudinaria se convirtiera en una oportunidad para quienes buscaban sacar provecho. Carteristas, estafadores y oportunistas siempre aparecían cuando las calles se encontraban abarrotadas, y aunque la mayoría eran delincuentes menores, uno de ellos había demostrado ser bastante más escurridizo de lo esperado.
Para Daeru, la jornada prometía ser cualquier cosa menos rutinaria. Poco después del desayuno, un chūnin apareció frente a su vivienda con un pergamino sellado con el emblema de la Hoja. No era una misión convencional ni una convocatoria para entrenar. El mensaje era breve y directo, debía presentarse en el edificio de la Policía Militar antes del mediodía. Su participación en la captura del carterista durante el desfile había despertado el interés de los oficiales encargados del caso. El delincuente había resultado ser mucho más problemático de lo esperado. Lo que al principio parecía un simple ladrón oportunista terminó revelándose como un individuo con conocimientos básicos de Doton, suficientes para dificultar enormemente su persecución entre el caos de la multitud. Aprovechando cada rincón de las calles y cualquier superficie de tierra a su alcance, había intentado desaparecer una y otra vez, obligando a quienes lo perseguían a reaccionar con rapidez para impedir su escape.
Gracias a la intervención coordinada de los genin presentes, el hombre había sido reducido antes de desaparecer por completo bajo tierra, evitando que escapara con una considerable cantidad de objetos robados. Bolsas con dinero, joyas, pequeños pergaminos, relojes de bolsillo y pertenencias de decenas de asistentes fueron recuperadas tras su captura, permitiendo que muchas de ellas regresaran a manos de sus legítimos dueños antes de que terminara la celebración, desde entonces había permanecido bajo custodia. Las primeras declaraciones del detenido apenas habían servido para confirmar su identidad y levantar un informe preliminar. Aun así, varias inconsistencias en su versión de los hechos habían despertado el interés de los investigadores. Resultaba extraño que un simple carterista poseyera conocimientos de una naturaleza elemental y, más aún, que los empleara con tanta sangre fría para planificar una huida en medio de una concentración tan grande de personas. Aquello sugería que, detrás de su apariencia de ladrón común, podía esconderse una historia mucho más compleja.
Por ese motivo, la Policía Militar había decidido realizar un interrogatorio formal al día siguiente. No se trataba únicamente de esclarecer los robos cometidos durante el desfile, sino de averiguar el origen de las habilidades del detenido y comprobar si existía alguien más implicado en sus actividades. La invitación no garantizaba que Daeru participara activamente en el interrogatorio, únicamente indicaba que podría observar el procedimiento e intervenir si los responsables del caso lo consideraban oportuno. Después de todo, había visto al sospechoso actuar con sus propios ojos y conocía detalles del enfrentamiento que quizá resultaran útiles. Ahora solo quedaba que el joven Uchiha acudiera a la cita y descubriera por qué, entre todos los participantes de aquella persecución, habían solicitado específicamente su presencia.
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![[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]](https://i.pinimg.com/originals/1b/b5/71/1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif)