06-07-2026, 10:21 PM
El atardecer en la Villa Oculta de la Hoja teñía los tejados de un tono anaranjado, denso y casi asfixiante, pero para Shun el paisaje no era más que el decorado de fondo de una jornada rutinaria que ya daba por concluida. Había realizado todas sus tareas del día y había decidido caminar por inercia, para despejarse, permitiendo que sus pasos le guiaran sin seguir un rumbo preestablecido. Para alguien como él, aquellos momentos muertos no eran más que un trámite aburrido en medio de sus quehaceres diarios. Se podía escuchar a lo lejos el eco apagado de los últimos rezagados que abandonaban las instalaciones de la Academia Ninja de la villa, un ruido de fondo que le resultaba completamente anodino y del que prefería distanciarse para mantener la mente en blanco.
«La Academia Ninja me trae recuerdos, algunos que es mejor dejar enterrados en el pasado...», un pensamiento intrusivo cruzó su mente, fugaz, antes de que modificase su rumbo. Con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y el rostro parcialmente oculto por las sombras que aumentaban por momentos, decidió acortar camino por uno de los senderos laterales que bordeaban el recinto educativo. Era una zona repleta de vegetación y que solía permanecer poco transitada a aquellas horas del día, apartada por completo del bullicio de las principales calles y avenidas comerciales de la villa. Había creído que allí donde la naturaleza le ganaba la partida a la civilización podría disfrutar de la paz del silencio, pero sus sentidos no tardaron en hacerle saber que el destino tenía otros planes reservados para él.
Una presencia se reveló ante él, pero no una cualquiera, su lenguaje corporal rompía todos los cánones de normalidad que tenía preestablecidos. Se trataba de una muchacha que parecía ser un poco más joven que él. No fue su apariencia enfermiza o sus rasgos toscos los que le llamaron la atención, sino la evidente, intensa y casi violenta perturbación que emanaba de todo su ser. La joven caminaba con una rigidez antinatural, como una cuerda de un instrumento tensada en exceso, amenazando con romperse al menor roce. Su respiración era irregular, entrecortada, por lo que parecía ser un ataque de ansiedad o algún tipo de problema de origen nervioso y sus manos —que temblaban con un sutil pero constante espasmo— buscaban con una mezcla de premura y desesperación algo oculto entre sus pertenencias.
El ninja se detuvo en seco a unos metros de distancia, oculto a medias por la penumbra que proyectaba la copa de un viejo arce. Cada detalle le daba más información sobre el contexto de la escena que le había tocado presenciar sin esperarlo. Tenía unas ojeras muy pronunciadas, no obstante, lo auténticamente perturbador era su mirada, perdida en un bucle de pensamientos que parecían estarla consumiendo. Su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su cuello mostraban una rigidez tan palpable que no hacía más que reafirmar que estaba completamente alterada. El intento de proyectar una máscara de control y autosuficiencia era una fachada que no hacía más que agrietarse por momentos. Para él, una persona tan inestable y desbordada en un entorno militarizado como lo era una villa shinobi representaba un enigma peligroso. Alguien que no poseía autocontrol era un eslabón débil o potencialmente peligroso, dependiendo de que lado cayese la moneda al girar.
Su curiosidad y su desapego ganaron la batalla frente a su capacidad analítica y su deseo primitivo de dar media vuelta y marcharse del lugar antes de ser detectado. La susodicha tenía "algo" que resultaba digno de ser analizado o estudiado. Dando un paso al frente y abandonado la protección natural que le brindaba la naturaleza, el ninja hizo crujir intencionadamente una rama seca bajo la suela de su pie derecho. No lo hizo como una muestra de cortesía, sino para anunciar su presencia de forma controlada, midiendo el impacto que pudiese causar en una persona como aquella. Sabía de sobra que cualquier interrupción externa que recibiese la muchacha podría ser recibida como una afrenta o como una vulneración de su intimidad.
—Deberías mejorar tu autocontrol si planeas mantener las distancias con el resto del mundo —comentó Shun, interrumpiendo el silencio del lugar. Su tono era plano, desprovisto de simpatía, pero cargado de una implacable lógica —. Estás llamando demasiado la atención para alguien que, claramente, preferiría estar sola. ¿Quieres que alguna mirada indiscreta alerte a las fuerzas del orden de la villa y te veas salpicada por una situación desagradable?
Decidió mantener una distancia prudencial hasta comprobar la reacción de aquella chica, con los músculos relajados pero listo para reaccionar ante cualquier tentativa hostil. Posó sus particulares orbes heterocromáticos sobre los ojos azules de la fémina, sin apartar la mirada ni un solo momento, comunicándole a su subconsciente de forma no verbal que a él no le intimidaba.
«La Academia Ninja me trae recuerdos, algunos que es mejor dejar enterrados en el pasado...», un pensamiento intrusivo cruzó su mente, fugaz, antes de que modificase su rumbo. Con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y el rostro parcialmente oculto por las sombras que aumentaban por momentos, decidió acortar camino por uno de los senderos laterales que bordeaban el recinto educativo. Era una zona repleta de vegetación y que solía permanecer poco transitada a aquellas horas del día, apartada por completo del bullicio de las principales calles y avenidas comerciales de la villa. Había creído que allí donde la naturaleza le ganaba la partida a la civilización podría disfrutar de la paz del silencio, pero sus sentidos no tardaron en hacerle saber que el destino tenía otros planes reservados para él.
Una presencia se reveló ante él, pero no una cualquiera, su lenguaje corporal rompía todos los cánones de normalidad que tenía preestablecidos. Se trataba de una muchacha que parecía ser un poco más joven que él. No fue su apariencia enfermiza o sus rasgos toscos los que le llamaron la atención, sino la evidente, intensa y casi violenta perturbación que emanaba de todo su ser. La joven caminaba con una rigidez antinatural, como una cuerda de un instrumento tensada en exceso, amenazando con romperse al menor roce. Su respiración era irregular, entrecortada, por lo que parecía ser un ataque de ansiedad o algún tipo de problema de origen nervioso y sus manos —que temblaban con un sutil pero constante espasmo— buscaban con una mezcla de premura y desesperación algo oculto entre sus pertenencias.
El ninja se detuvo en seco a unos metros de distancia, oculto a medias por la penumbra que proyectaba la copa de un viejo arce. Cada detalle le daba más información sobre el contexto de la escena que le había tocado presenciar sin esperarlo. Tenía unas ojeras muy pronunciadas, no obstante, lo auténticamente perturbador era su mirada, perdida en un bucle de pensamientos que parecían estarla consumiendo. Su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su cuello mostraban una rigidez tan palpable que no hacía más que reafirmar que estaba completamente alterada. El intento de proyectar una máscara de control y autosuficiencia era una fachada que no hacía más que agrietarse por momentos. Para él, una persona tan inestable y desbordada en un entorno militarizado como lo era una villa shinobi representaba un enigma peligroso. Alguien que no poseía autocontrol era un eslabón débil o potencialmente peligroso, dependiendo de que lado cayese la moneda al girar.
Su curiosidad y su desapego ganaron la batalla frente a su capacidad analítica y su deseo primitivo de dar media vuelta y marcharse del lugar antes de ser detectado. La susodicha tenía "algo" que resultaba digno de ser analizado o estudiado. Dando un paso al frente y abandonado la protección natural que le brindaba la naturaleza, el ninja hizo crujir intencionadamente una rama seca bajo la suela de su pie derecho. No lo hizo como una muestra de cortesía, sino para anunciar su presencia de forma controlada, midiendo el impacto que pudiese causar en una persona como aquella. Sabía de sobra que cualquier interrupción externa que recibiese la muchacha podría ser recibida como una afrenta o como una vulneración de su intimidad.
—Deberías mejorar tu autocontrol si planeas mantener las distancias con el resto del mundo —comentó Shun, interrumpiendo el silencio del lugar. Su tono era plano, desprovisto de simpatía, pero cargado de una implacable lógica —. Estás llamando demasiado la atención para alguien que, claramente, preferiría estar sola. ¿Quieres que alguna mirada indiscreta alerte a las fuerzas del orden de la villa y te veas salpicada por una situación desagradable?
Decidió mantener una distancia prudencial hasta comprobar la reacción de aquella chica, con los músculos relajados pero listo para reaccionar ante cualquier tentativa hostil. Posó sus particulares orbes heterocromáticos sobre los ojos azules de la fémina, sin apartar la mirada ni un solo momento, comunicándole a su subconsciente de forma no verbal que a él no le intimidaba.