06-07-2026, 09:44 PM
Peticion
No era precisamente la misión más emocionante que había visto en el tablón. Llevar documentos de una oficina a otra navegando por el Canal Mizuchi sonaba más a trabajo de un funcionario que de una kunoichi. Pero una misión era una misión, y además nunca estaba de más dejar una buena impresión en el distrito portuario. Recogí el paquete de documentos en la oficina correspondiente y comprobé la ruta antes de salir. Había varias paradas marcadas por la administración y el orden no parecía dejar mucho margen para improvisar. Guardé los documentos dentro de una bolsa impermeable y la aseguré bien. —En fin... Vamos.—
Subí a una pequeña embarcación preparada para recorrer el canal y comencé a remar con calma. El Canal Mizuchi siempre tenía bastante movimiento. Barcos de pesca, mercantes, trabajadores cargando cajas y gente cruzando de un lado a otro hacían que el lugar estuviera lleno de vida desde primera hora del día. Mientras avanzaba, llevé una mano a mi trenza y la alisé con los dedos por simple costumbre. El viento había sacado un par de mechones y prefería dejarlos en su sitio antes de llegar a la primera oficina.
No tardé mucho en alcanzar el primer edificio. Amarré la embarcación, subí los escalones de madera y entregué la documentación al empleado que me esperaba detrás del mostrador. —Sayuri Yuki, entrega para ustedes.— El hombre revisó el sello, asintió y me entregó otro pequeño paquete que debía llevar al siguiente punto de la ruta. —Perfecto. Que pase buen dia.— Volví al bote y seguí navegando. La siguiente parte del recorrido era algo más estrecha, así que tuve que reducir un poco la velocidad para dejar pasar otra embarcación cargada con barriles. Uno de los trabajadores levantó la mano para saludar y respondí con un pequeño gesto antes de continuar. No entendía cómo algunos podían pasar todos los días trabajando allí. El puerto tenía su encanto, claro, pero después de un rato todo empezaba a parecer igual. Supuse que a ellos les ocurriría lo mismo con los shinobi.
La segunda entrega fue igual de sencilla. Intercambié documentos, comprobé que los sellos coincidieran y regresé al canal. Antes de subir otra vez al bote aproveché el reflejo del agua para echar un vistazo rápido a mi aspecto. La mascarilla seguía bien colocada y la trenza también. Mucho mejor. Continué la ruta sin demasiados problemas. En una de las curvas vi a dos niños intentando pescar desde un pequeño muelle. Uno de ellos estaba tan concentrado que casi dejó caer la caña al agua cuando pasé cerca. —Eh, sujétala bien— les dije mientras seguía remando. —Luego no quiero veros persiguiendo peces por todo el canal.— Los dos se echaron a reír y yo seguí mi camino.
La última parte del recorrido era la más larga. Aproveché para observar el movimiento del puerto. Había barcos entrando y saliendo constantemente, comerciantes negociando precios y marineros descargando mercancías sin detenerse un momento. Era fácil entender por qué aquella zona era tan importante para Kirigakure. Después de todo, una aldea rodeada de mar dependía de lugares como aquel para seguir funcionando. La última oficina estaba situada cerca de uno de los extremos del canal. Entregué la documentación, recibí la confirmación de que todo había llegado correctamente y firmé el registro de la misión. —Trabajo completado. ¡Siuu!—
Nada mal. No había enemigos, persecuciones ni combates, pero tampoco podía esperar eso en cada encargo. Además, había recorrido buena parte del distrito portuario y siempre venía bien conocer mejor una zona por la que seguramente volvería a pasar en futuras misiones. Antes de marcharme, acomodé una vez más la trenza sobre mi hombro y ajusté la banda de Kirigakure. Bueno... tampoco había estado tan mal. Y con un poco de suerte, la próxima misión sería algo más interesante. O, como mínimo, estaría mejor pagada. No pensaba quejarme si con la recompensa podía comprarme alguna cosa que me hubiera llamado la atención en los puestos del puerto.
9 de verano del año 150
Kirigakure, Pais del Agua.
Canales Mizuchi
No era precisamente la misión más emocionante que había visto en el tablón. Llevar documentos de una oficina a otra navegando por el Canal Mizuchi sonaba más a trabajo de un funcionario que de una kunoichi. Pero una misión era una misión, y además nunca estaba de más dejar una buena impresión en el distrito portuario. Recogí el paquete de documentos en la oficina correspondiente y comprobé la ruta antes de salir. Había varias paradas marcadas por la administración y el orden no parecía dejar mucho margen para improvisar. Guardé los documentos dentro de una bolsa impermeable y la aseguré bien. —En fin... Vamos.—
Subí a una pequeña embarcación preparada para recorrer el canal y comencé a remar con calma. El Canal Mizuchi siempre tenía bastante movimiento. Barcos de pesca, mercantes, trabajadores cargando cajas y gente cruzando de un lado a otro hacían que el lugar estuviera lleno de vida desde primera hora del día. Mientras avanzaba, llevé una mano a mi trenza y la alisé con los dedos por simple costumbre. El viento había sacado un par de mechones y prefería dejarlos en su sitio antes de llegar a la primera oficina.
No tardé mucho en alcanzar el primer edificio. Amarré la embarcación, subí los escalones de madera y entregué la documentación al empleado que me esperaba detrás del mostrador. —Sayuri Yuki, entrega para ustedes.— El hombre revisó el sello, asintió y me entregó otro pequeño paquete que debía llevar al siguiente punto de la ruta. —Perfecto. Que pase buen dia.— Volví al bote y seguí navegando. La siguiente parte del recorrido era algo más estrecha, así que tuve que reducir un poco la velocidad para dejar pasar otra embarcación cargada con barriles. Uno de los trabajadores levantó la mano para saludar y respondí con un pequeño gesto antes de continuar. No entendía cómo algunos podían pasar todos los días trabajando allí. El puerto tenía su encanto, claro, pero después de un rato todo empezaba a parecer igual. Supuse que a ellos les ocurriría lo mismo con los shinobi.
La segunda entrega fue igual de sencilla. Intercambié documentos, comprobé que los sellos coincidieran y regresé al canal. Antes de subir otra vez al bote aproveché el reflejo del agua para echar un vistazo rápido a mi aspecto. La mascarilla seguía bien colocada y la trenza también. Mucho mejor. Continué la ruta sin demasiados problemas. En una de las curvas vi a dos niños intentando pescar desde un pequeño muelle. Uno de ellos estaba tan concentrado que casi dejó caer la caña al agua cuando pasé cerca. —Eh, sujétala bien— les dije mientras seguía remando. —Luego no quiero veros persiguiendo peces por todo el canal.— Los dos se echaron a reír y yo seguí mi camino.
La última parte del recorrido era la más larga. Aproveché para observar el movimiento del puerto. Había barcos entrando y saliendo constantemente, comerciantes negociando precios y marineros descargando mercancías sin detenerse un momento. Era fácil entender por qué aquella zona era tan importante para Kirigakure. Después de todo, una aldea rodeada de mar dependía de lugares como aquel para seguir funcionando. La última oficina estaba situada cerca de uno de los extremos del canal. Entregué la documentación, recibí la confirmación de que todo había llegado correctamente y firmé el registro de la misión. —Trabajo completado. ¡Siuu!—
Nada mal. No había enemigos, persecuciones ni combates, pero tampoco podía esperar eso en cada encargo. Además, había recorrido buena parte del distrito portuario y siempre venía bien conocer mejor una zona por la que seguramente volvería a pasar en futuras misiones. Antes de marcharme, acomodé una vez más la trenza sobre mi hombro y ajusté la banda de Kirigakure. Bueno... tampoco había estado tan mal. Y con un poco de suerte, la próxima misión sería algo más interesante. O, como mínimo, estaría mejor pagada. No pensaba quejarme si con la recompensa podía comprarme alguna cosa que me hubiera llamado la atención en los puestos del puerto.
![[Imagen: cc9imYu.png]](https://i.imgur.com/cc9imYu.png)