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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato   ›   Zona Comercial
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  ›   [Común] [Misión E] En busca del antídoto.
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[Misión E] En busca del antídoto.
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26-06-2026, 10:22 PM
[Rango E] En busca del antídoto.
Post de petición: Aquí
Día 4, Verano, año 150 - Konohagakure [Barrio comercial]
El Barrio Comercial de Konoha


Hoja de Misión
[Imagen: 71ec6f17-5dba-4c17-ae1c-0e8528bfb7ba.png]

El Barrio Comercial de Konoha ya estaba lleno desde temprano, con puestos abiertos, vendedores gritando precios y gente cruzando entre la Tienda de Dulces, la Tienda de Dango y los locales de comida que llenaban la calle de humo y olor fuerte. En medio de ese movimiento, la misión llegó con una instrucción simple sobre el papel, pero pesada en la práctica: ir a recoger una medicina para Keiko Matzutake. El nombre no era desconocido. Se sabía en las calles que la vieja viuda tenía dinero de sobra, una casa muy grande, demasiados sirvientes para una sola persona y claro; fama de tratar mal a cualquiera que respirara cerca de ella. No tenía hijos, no confiaba en vecinos, no soportaba a los médicos más de lo necesario y, por alguna razón que solo ella entendía, había exigido que el encargo lo hiciera un genin.

La casa de Keiko quedaba metida en una calle lateral del barrio, separada del ruido por una reja alta y dos criados con cara de no haber dormido. Adentro, todo olía a madera vieja, medicina amarga y tela limpia. Keiko estaba sentada junto a una ventana, envuelta en mantas caras, con la piel pálida y los ojos hundidos, pero con la lengua afilada intacta. Apenas vio al genin, frunció la boca antes de hablar, como si ya estuviera decepcionada. Sobre la mesa tenía una receta doblada, una bolsita con ryos sellada con hilo rojo y una pequeña caja vacía donde debía colocarse el frasco. Dijo que la medicina era escasa, cara y muy buscada; no era una simple hierba ni un jarabe común, sino un antídoto preparado con ingredientes difíciles de conseguir. También dejó claro que no pensaba mandar a un adulto, porque según ella los adultos robaban mejor y mentían con más calma.

El encargo era directo: cruzar el Barrio Comercial, llegar hasta el proveedor medicinal indicado en la receta, pagar exactamente lo que decía el papel, guardar el antídoto en la caja y volver sin detenerse. Keiko remarcó cada parte con una voz seca, golpeando la mesa con un dedo huesudo cada vez que repetía “sin abrirlo” y “sin hablar de más”. Uno de los criados añadió en voz baja que ya había rumores de gente preguntando por esa misma medicina desde la mañana, y que con tanta gente en las calles cualquiera podía empujar, distraer o meter la mano donde no debía. Afuera, el barrio seguía moviéndose con normalidad, pero ahora cada puesto, cada cruce y cada grupo parado cerca de la calle parecía un problema esperando turno. La misión era clara: cuidar un frasco pequeño en una aldea llena de manos rápidas.
Ran Kurai
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27-06-2026, 11:24 PM
La verdad de las cosas era que el corazón de la joven no paraba de latir con fuerza, pero con mucha, pero mucha fuerza. No solamente ahora sus manos habían sido presa de un evidente temblor, sino que a la vez sentía un nudo en el estomago que hasta le impidió comer su desayuno de la manera más apropiada. Pero, ¿cómo el comportamiento de la muchacha podía ser distinto, diferente, si después de todo en poco rato ella misma se enfrentaría a su primera misión cómo genin? Estando ya a estas alturas la chica absoluta y completamente convencida de que esta era la perfecta oportunidad cómo para demostrarle a todos, a todas, pero por sobre todas las cosas a su propio padre y también a su familia materna que ella sí efectivamente era capaz de destacar en su labor cómo shinobi, fue que después de terminar de beber su humeante taza de té, ella se dispuso a salir del enorme palacete que había pertenecido a su clan por siglos y siglos, por generaciones y generaciones. Sin embargo, antes de poder salir finalmente de esa majestuosa construcción, ella tuvo que pasar por fuera de los aposentos de su madre, y a al hacerlo se percató de que esta no sólo estaba aún acostada en su lecho, sino que también que todo el lugar tenía un horrible hedor a sake, algo no objetivo de asombro, en vista que era más que sabido lo del grave alcoholismo que padecía quien aún era la señora de la casa Kurai. 

No pudiendo evitar la chica sentirse un tanto alterada, y cómo no si después de todo el grave, y por qué no decirle directamente, patológico alcoholismo de su progenitora sólo había hecho que su vida fuese cada vez menos, menos y menos disfrutable, ella hizo real, realmente todo lo posible por no dejar que eso la afectara, mucho menos el día de hoy, de tanta relevancia para su persona. —Enfócate, Ran, enfócate—se dijo entonces la chica innumerables a sí misma, casi como si el solo hecho de repetir constantemente esa oración en su cabeza, le pudiera ayudar de algún modo conseguir esa tan ansiada calma. Logrando así de algún modo finalmente salir del barrio residencial de la Aldea de la Hoja menguando ligeramente su tan acelerado y hasta doloroso ritmo cardíaco, a continuación la chica sacó de entre sus ropajes el pergamino que tenía en su contenido detallada la misión que ella misma tendría que cumplir en aquella ocasión. Ciertamente, la joven en esos precisos minutos no pudo evitar sentirse ligeramente decepcionada al momento de leerla por ya enésima vez desde que se le fue entregada, y es que ella se esperaba algo mucho más ‘emocionante’, que tener que simple y sencillamente entregarle la medicina a la resentida viuda Matzutake.—Por algo se empieza—se dijo acto seguida en su interior, y sin darse cuenta de esto, la joven comenzó a gradualmente olvidarse, o al menos no tener tan presente en su cabeza, lo que ella presenció al pasar por el dormitorio de su madre esa misma mañana. 

Siendo la primera parada de la muchacha la fastuosa residencia Matzutake, al llegar a ese sitio la chica notó enseguida que ella, ciertamente, no era lo que se esperaba, aún cuando la propia viuda había dejado más que claro que lo que ella quería era a alguien joven. Siendo así, la muchacha, siempre comportándose tal cómo una persona de su mismo rango y grado debía de hacerlo, recibió de la manera más que educada que pudo tanto la cajita en la cual ella tenía que guardar el antídoto, y así mismo el dinero con el cual tendría que darle al comerciante solicitado dicha medicina. Justo cuando ya la chica estaba por partir directamente hacia el Barrio Comercial, fue que inevitablemente, al instante en el que ella cruzó por la puerta que daba ya a la calle, por el rabillo del ojo notó cómo uno de los empleados del lugar bebían a escondidas unas copas de sake, y notando entonces ese aroma, que se le hacía tan, pero tan pestilente, nuevamente la joven sintió cómo su propio estómago comenzaba a revolverse. ¿Por qué era que tenía que pasarle ésto, cuando ya ella sentía que podía comportarse a la perfección en aquella misión, obviando así a la patología que padecía a su propia madre? ¿O era más que bien que, finalmente, la muchacha jamás podría escapar de ese especie de fantasma? Haciendo lo posible para no mirar a esos sirvientes, a continuación Ran se determinó en sólo mirar hacia el frente, y por ningún motivo seguir pensando en su madre.  

Fue así como entonces la genin ingresó de lleno al Barrio Comercial de la aldea, y al hacerlo fue cuando ella se dio por primera vez cuenta en todo ese rato que tal vez, y sólo tal vez, esa misión no era tan simple cómo parecía a buenas a primeras. ¿No que el pergamino era tal vez demasiado explícito al indicar que ese remedio, además de ser escaso y costoso, era buscado por miembros del Mercado Negro? Los pasos de la kunoichi no sólo eran cortos, silenciosos y sigilosos, a tal punto de que hasta era complejo que alguien se diera cuenta de éstos mismos, sino que a la vez era tan, pero tan discretos, que casi en la práctica no se sentían cómo tales. ¿No que, al desenvolverse ella misma en ese exclusivo y tóxico círculo de la nobleza de esos lares, le había ayudado a aprender a ser casi invisible cuando debía de serlo? Cruzando ahora una ligera brisa matutina por el lugar, los ojos azulados de la joven, los cuales a pesar de todo, a pesar de que ella misma tomaba ese brebaje para dormir por las noches con relativa tranquilidad, sobre todo tomando en consideración su grave fobia  a quedarse dormida, tenían unas marcadas y horribles ojeras debajo de éstos, se pasearon de una manera prolija y ordenada por toda la zona, para así identificar el lugar en donde ella debía de retirar dicha medicina… un lugar, que de todas formas, al igual que su propio actuar, estaba ubicado en un lugar sumamente discreto. 

Algo bastante esperable, si tomamos en cuenta que, después de todo, el antídoto a buscar era de lo más exclusivo tal cual como ya se había especificado con anterioridad. Haciendo ahora todo lo que estaba en sus manos como para seguir manteniendo esa callada y camuflaje postura, sabiendo ella a ciencia cierta que eso sería más que vital para que esa misión tuviera exitosos resultados, Ran siguió con su camino, con su ruta planificada, y todo estaba resultando realmente a la perfección, hasta que la chica misma sintió, o tal vez creyó sentir, como de un instante a otro alguien la estaba siguiendo. ¿Y si ya un encargado del Mercado Negro de esa aldea, estaba detrás de su pista incluso antes de que la muchacha recibiera el encargo…? La shinobi ,estando consciente de su horrorosa y terrible paranoia, decidió por un instante detener su andar sólo para después sacar, entre sus pulcros ropajes, una botellita que tenían en su contenido un brebaje de hierbas, que ayudaban a mitigar su estado, sólo para después beber un largo trago de esta misma. Sintiendo seguidamente como sus intensos latidos se calmaban un poco, sólo un poco, ella siguió caminando hasta que llegó al lugar donde el comerciante le entregarían la medicina. —Vengo por el pedido ocho—dijo Ran en casi un inaudible susurro, procurando ella misma seguir conservando a toda costa su tan discreto desplante. Y manteniendo ese porte, ella se limitó a continuación a esperar respuesta por parte de comerciante, siempre estando en alerta… no podía cometer error alguno. 
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29-06-2026, 12:08 AM
Ran logró llegar al local sin llamar más atención de la necesaria, aunque el camino no le había pasado limpio por encima. El brebaje de hierbas le bajó un poco el golpe del pecho, lo suficiente para mantener la voz baja cuando llegó al mostrador y soltó aquel "pedido ocho" casi en susurro. El comerciante levantó la mirada apenas escuchó la clave, cerró de inmediato el cajón que estaba revisando y bajó una cortina de tela gruesa detrás del mostrador. La tienda, vista desde fuera, seguía pareciendo un local menor de ungüentos baratos y raíces secas, pero por dentro el hombre se movió con cuidado. Revisó el sello rojo de la bolsita, contó los ryos sin romper el hilo y luego sacó de una gaveta baja un frasco pequeño, envuelto en papel encerado. No explicó nada ni hizo preguntas. Solo colocó el frasco dentro de la caja de Keiko, la cerró con un broche simple y se la empujó hacia Ran con dos dedos. —No lo agites. No lo calientes. No dejes que nadie vea el color —murmuró, antes de mirar por encima del hombro de la joven—. Y sal por la puerta de atrás.

La salida trasera daba a un callejón estrecho entre la Tienda de Dulces y una bodega de especias. Ran apenas podría dar unos pasos afuera cuando el ruido del Barrio Comercial cambió de golpe. Un carro de carga se volcó al final del callejón, rompiendo varias cajas de vidrio y dejando el paso cubierto de aceite, madera astillada y gente que empezó a meterse para mirar. La rueda del carro tenía el eje cortado, y dos hombres entre la multitud no estaban mirando el desastre: estaban mirando la caja. Uno de ellos llevaba delantal de repartidor, pero sus manos no tenían harina ni grasa; el otro fingía ayudar a levantar a un vendedor caído mientras empujaba a los curiosos hacia el único espacio libre del callejón. En medio del caos, una niña pasó corriendo demasiado cerca de Ran, tropezó a propósito y dejó caer una bolsa de caramelos justo frente a sus pies. Todo el callejón se cerró en cuestión de segundos.

El aire se llenó de azúcar, aceite y polvo de especias. Desde la avenida principal llegaban voces de vendedores molestos, clientes que reclamaban y alguien pidiendo guardias, pero ninguno llegaría rápido con tanta gente atravesada. La caja seguía en manos de Ran, intacta por ahora, aunque el camino directo hacia la residencia Matzutake había quedado bloqueado y la salida hacia la calle principal estaba llena de cuerpos moviéndose sin orden. El antídoto ya no era una cosa que debía recoger. Ahora era algo que debía conservar. Y en ese callejón, con tres miradas mal puestas y una multitud apretando desde ambos lados, cualquier movimiento torpe podía costarle la misión.
Ran Kurai
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30-06-2026, 04:46 PM
Entonces tan pronto como cuando el comerciante le entregó a ella misma ese tan, pero tan apreciado antídoto, una especie de oleada de relajo, de alivio, de calma, se manifestó en el siempre apretado pecho de la muchacha. ¿No que, después de todo, y en cierta forma, ella ya efectivamente había cumplido la primera parte de la misión, al recibir exitosamente el encargo de la viuda Matsutake? Sin embargo, la joven sabía a ciencia cierta que ella aún no podía cantar victoria… al contrario, ella solamente había conseguido realizar una parte ínfima de la misión, en vista que lo más complejo, lo más duro, lo más difícil estaría por llegar. Porque sí, lo que la chica tendría que hacer a continuación, era no sólo hacer todo lo posible por llevar el ya mencionado antídoto a la lujosa residencia de esa tan amargada mujer sin que algún revendedor del mercado negro se interpusiera en su camino, todo para así robarle aquella medicina, sino que a la vez se vería obligada a sortear cualquier tipo de traba que tuviera que enfrentar en esa ruta. Y claro está, si tomamos en cuenta lo paranoica, lo perseguida que era la joven, pues con toda probabilidad lo más desafiante estaría por venir. ¿Acaso podría ser eventualmente posible que la chica podría dejar completamente atrás, todos esos resquemores que la acosaban sin cesar tanto de día cómo de noche? ¿O era más bien que ya no había esperanza para ella, y tendría que limitarse a su tan terrible y horrorosa condición?

Haciendo ahora totalmente caso a cada orden dictada por el comerciante, saliendo así en el acto justa y precisamente por la salida ubicada por medio de ese sumamente estrecho callejón, indicada esa vía por aquel mismo sujeto, acto seguido la joven posó su mirada, su siempre tan ojerosa, helada y apagada mirada, alternadamente entre un local de dulces y una bodega de especias que se encontraban justamente al atravesar esa ajustada calle, llamándole especialmente la atención de que el lugar donde obtuvo esa mediación, tuviera cómo lugar al lado de unas tiendas que podían ser fácilmente concurridas por muchas personas. ¿O era que tal vez, ahí estaba la clave, ahí estaba el asunto? ¿Que al estar expuestos entre el almacén que vendían ese tipo de alimentos, además de esas dependencias que guardaban condimentos y cosas de la misma índole, pues eran de verdad que tendría menos posibilidades de llamar la atención? Estando Ran misma tal vez demasiado estancada en pensar en todas esas cosas, y cómo no si después de todo la chica eternamente se había caracterizado porque a su mente le costaba un montón dejar de lado ideas fijas, ideas fijas que de todas maneras por lo usual no tenían una real relevancia en sus prioridades, fue que acto seguido la muchacha siguió con su camino. Y a pesar de que ella tenía muy, pero muy en claro en su mente que tenía que limitarse a llegar a la residencia de la familia Matzutake y ya, aún así su cabeza no le dio descanso, ni por asomo. 

Sin embargo, y ya cuando la kunoichi estaba a punto de pensar que podría llevar esa misión en completa y absoluta quietud, al ya casi salir por completo del callejón, rumbo directo a la barrio comercial de la alde, y que así mismo no tendría problema alguno en entregarle el antídoto a la viuda Matzutake, fue que de un momento a otro, todo el escenario cambió ante la impávida mirada de la joven… y es que un carro de carga se volcó, ocasionando así un auténtico caos en el lugar. No solamente estaba en que todo lo que el carro contenía en su interior había quedado regado por todo el lugar, llenando así el sector de diferentes aromas, sino que al mismo tiempo toda la gente que estaba transitando por el sitio en esos precisos instantes, empezó a aglomerarse alrededor de dicho carro, provocando así que la situación que se presentaba a la ensanchada mirada de la chica, sólo se pusiera más compleja aún. Seguidamente, y sin todavía que la joven reaccionara del todo bien, posiblemente debido a esos obsesivos pensamientos que emergían incesantemente  en su interior, una niña chocó de lleno contra su figura, haciendo así que a ésta misma se le cayera una bolsa de caramelos. Pero gracias a justamente a la paranoia de la chica, fue que al instante en el cual ella se agachó para darle a la niña esa bolsa de dulces, aún teniendo muy agarrada esa caja con la medicina, Ran se dio inmediatamente cuenta de que la estaban realmente mirando. 

Y no, no, no… esta vez la chica estaba de verdad completamente segura de que no era producto de su imaginación. Siendo así, una vez que la niña se alejó de ella, con su bolsa recuperada, cómo fingiendo así la propia shinobi que no se había percatado para nada que la estaban observando, en lugar de enfrentarse con esos individuos, la muchacha decidió mezclarse entre todo ese tumulto de personas, como intentando así confundir a quienes la estaban mirando. ¿No que si algo destacaba la chica, era por su astucia? Fue así que seguidamente, la chica, aún camuflada para despistar a esos individuos, se decantó por activar su sharingan, cosa de tener en claro que donde estaban ubicados estos mismos, y también a la vez para estar más alerta ante esa situación. Ya teniendo a continuación más que claro en donde se encontraban ellos, la muchacha se resolvió, todavía conservando a toda costa esa caja entre sus brazos, a desviarse ligeramente de donde se dirigía el gentío,  con toda la intención de ir en dirección hacia uno de los otros callejones, para así deshacerse de una buena vez por todas de los que la tenían en la mira . Entonces la siguiente pregunta surgió en su cabeza, ¿qué tan competentes serían esos sujetos? Y aún más relevante todavía, ¿era que ella estaba capacitada para enfrentarlos? Sintiendo cómo nuevamente su obsesión le jugaba en contra, la muchacha, aún con su sharingan activado, siguió con su sigiloso camino, estando así ella más que claro en su cabeza, la situación actual. 


✔Aprendida · 21-06-2026
◈Yin
✦Nivel: 1
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40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

Chakra: 210/250
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01-07-2026, 02:08 AM
Ran no mordió el anzuelo del todo. La niña recuperó su bolsa de caramelos y se perdió entre las piernas de los adultos, mientras la genin mantenía la caja bien pegada al cuerpo, sin soltarla ni un segundo. Esta vez, su paranoia no le jugó en contra: le dio tiempo para notar que las miradas eran reales. No eran nervios ni su loca imaginación. Había dos hombres siguiéndola. El Sharingan terminó de ordenar el caos frente a sus ojos; el gentío dejó de ser una masa confusa y empezó a separarse en gestos, hombros tensos, pasos repetidos y miradas que volvían siempre al mismo punto. Ran hizo bien en no enfrentarlos ahí. Tomando la sabia decisión de desviarse hacia una calle lateral, alejándose del flujo principal sin perder la caja ni la compostura.

El problema fue que el desvío no estaba libre. La calle lateral desembocaba en una zona de carga detrás de varios locales, con cajones apilados, toldos bajos y un pasillo estrecho cubierto por telas gruesas para proteger mercancía del sol. Apenas Ran avanzó, alguien soltó desde arriba una cuerda mal amarrada y una hilera de sacos de especias cayó contra el suelo, reventando en una nube rojiza que picó la nariz y raspó la garganta. No era humo, pero ensuciaba la vista y obligaba a parpadear. El Sharingan todavía podía captar movimientos cercanos, aunque cada silueta quedaba sucia detrás del polvo. Entonces apareció el verdadero obstáculo: al fondo, una carreta atravesada bloqueaba la salida; detrás de ella había un hombre viejo gritando que nadie pasara porque su mercancía se había perdido, mientras dos cargadores discutían con él y ocupaban casi todo el paso. Desde atrás, sin correr, el hombre del delantal entró al pasillo por el mismo lugar que Ran había usado. Solo levantó las manos, sonrió con calma y dijo en voz alta que la muchacha llevaba algo robado.

El callejón trasero quedó partido en dos: adelante, un bloqueo lleno de civiles molestos; atrás, una acusación bastante clara para atraer atención; alrededor, cajas, telas, especias abiertas y demasiadas manos cerca. La residencia Matzutake seguía al otro lado del Barrio Comercial, pero el camino recto ya no existía. Varios trabajadores giraron la cabeza hacia Ran, confundidos, desconfiados, y el viejo de la carreta apretó los labios al ver la caja entre sus brazos. El antídoto seguía intacto, pero ahora el peligro no era solo que se lo arrebataran. Bastaba con que alguien exigiera abrir la caja, que el frasco se agitara en un forcejeo o que la multitud decidiera retenerla hasta que llegara un guardia. El mercado siguió rugiendo detrás de los toldos, vivo y ruidoso, mientras esa calle pequeña se cerraba sobre ella con una presión mucho más incómoda que una pelea directa.
Ran Kurai
Rango Genin
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02-07-2026, 04:03 PM
Sin embargo cuando la muchacha, en un acto suma y extremadamente ingenuo, y por qué no decirlo directa y derechamente inocente, casi poco profesional de su parte, cómo la genin que era, llegó a pensar que ya al haber ingresado a ese especie discreto, pero al mismo tiempo tan estrecho callejón pues ya había logrado perder a esos individuos, fue que gracias a precisa y justamente a su sharingan activado, que la chica terminó por darse cuenta que no, que efectivamente ella aún no había conseguido perderlos de vista. ¿Era que la joven sí había estado en lo correcto de su pensamiento anterior, ese que le decía que no tenía que subestimar a esos sujetos? Porque sí, lo cierto era que a menudo la muchacha tendía con mucha frecuencia a pensar que los demás estaban por encima de ella, ya sea social o en cuanto a fuerza se refería, tal vez debido a su crianza… esa misma crianza dada por su esquivo progenitor, el cual siempre le repetía sin cesar, que la chica, al fin y al cabo, no era más que un rotundo fracaso. Posando entonces ahora su mirada, aún utilizando su sharingan en todo momento, hacia el frente, fue que la chica descubrió que, en simples palabras, estaba entre la espada y la pared. No sólo en esos precisos instantes ya una de las salidas de ese callejón estaba plagada de coléricos ciudadanos, sino que a la vez la otra salida se encontraba ese hombre que aseguraba que ella le había robado a él. 

Y claro está, también se encontraba lo de la carreta. ¿Acaso la situación no podía ser más que desfavorable? Pero no sólo el problema estaba en que las salidas estaban absolutamente bloqueadas, sino que también que de un momento a otro una nube de coloraciones en rojo, la cual había emergido gracias a todos esos sacos de especias que cayeron pesadamente al piso, provocó que no sólo la chica sintiera una incómoda y más que molesta y estorbosa picazón en la nariz aparte de una terrible comezón en la garganta, sino que a la vez que su vista se viera de algún u otro modo afectada. Viéndose entonces Ran misma obligada a tener que parpadear un par de veces para conseguir teniendo los ojos abiertos, cosa que obvia y lógicamente le impidió a seguir usando la técnica insigne de su familia por medio de su madre, pudiera seguir funcionando al cien por ciento, resintiendose a toda costa de dejar de utilizarla, ya que era por este jutsu que ella podía ser capaz de seguir estando relativamente a seguir ubicando a los sujetos que la seguían  fue que acto seguido la primera reacción de la joven fue la de aferrar aún más todavía esa caja contra su poco dotado pecho. Ya que sí, aún en su alterada cabeza resonaban las palabras dichas por ese comerciante que le vendió la medicina, las cuales eran sumamente claras: ella por ningún motivo podía cometer el desliz, el error, de no cumplir al pie de la letra todas sus precisas instrucciones.  

¿Qué hacer pues entonces? ¿Acaso enfrentar a ese comerciante, decirle que ella no había robado por ningún motivo lo que él vendía? ¿O bien tal vez, en una de esas, simple y sencillamente hacer todo lo posible, recurrir a todas sus herramientas como para irse ahí usando sus jutsus de una buena vez por todas? Aunque no, la chica estaba plenamente consciente de que esa última alternativa no era una opción real. ¿No que, al fin y al cabo, si ella hacía esto último, pues toda probabilidad todos los presentes en esa escena se irían en su contra, haciendo así que el salir de allí fuese aún más complicado, más difícil, más complejo? Fue así como entonces a continuación, la helada mirada de la chica se posó de una manera más que intensa sobre la figura del comerciante que decía que ella le había robado, a la vez que la joven optó por desactivar finalmente el sharingan, con la sola idea en su obsesiva cabeza, de que si ella le demostraba a ese hombre que no presentaba ni un tipo de amenaza o peligro para éste, pues cabía la posibilidad de que él se diera por fin cuenta de que la muchacha de cabellos azabaches, no le había sustraído nada de lo que él mismo vendía… pero justo cuando ella le estuvo a punto de decirle todo a eso al señor, otra idea, tal vez mucho mejor que la anterior, apareció de pronto en la mente de la kunoichi. ¿Sería que pudiera resultar mejor que la anterior? 

¿Sería que gracias a esta nueva idea, una la cual ciertamente más arriesgada que la otra, ella conseguiría no sólo persuadir a ese comerciante de que la dejara en paz, sino que también calmar a todos esos civiles…? —Disculpe, sí… entre tanto lío accidentalmente tomé esto de su puesto y olvidé pagarle—dijo primeramente Ran, usando así un tono de voz el cual parecía ser de lo más arrepentido, de lo más compungido, casi como si de verdad ella hubiera sido real lo que le estaba diciendo a ese hombre. Todavía sintiendo en todo minuto cómo esa nube rojiza estaba presente en el lugar, algo que sólo hacía que una vez más la chica sintiera ese desagradable escozor tanto en su nariz cómo en su garganta, además de hacer que tuviera pestañear constantemente, la joven seguidamente, sosteniendo en ese justo segundo esa caja, la cual contenía el valioso antídoto, con su mano derecha para así dejar libre su mano izquierda, ella ingresó esta misma mano entre sus ropas, sacando así unas cuantas monedas las cuales se las tendió a ese hombre, manteniendo así esa expresión de pleno arrepentimiento—. Puede usted quedarse con el cambio—añadió la shinobi, decidiendo no romper contacto visual con el comerciante, cosa de sonar ante él realmente compungida, como lo haría una persona que había tomado algo sin haber pagado, siendo esta acción no adrede. Y teniendo que otra vez  parpadear un par de veces debido a esa nube rojiza, la chica sintió cómo todas las miradas de los presentes se posaban sobre su persona.  


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El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

Chakra: 180/250
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03-07-2026, 12:34 AM
Ran eligió bien bajo presión. La nube rojiza seguía metiéndosele en la nariz y raspándole la garganta, obligándola a parpadear a cada rato, pero aun así no perdió la caja ni la cabeza. Desactivó el Sharingan, con la izquierda sacó unas monedas y sostuvo la mentira con una cara de arrepentimiento bastante creíble. La disculpa, el tono bajo y el contacto visual hicieron su trabajo. Por un instante, el callejón dejó de verla como una ladrona peligrosa y empezó a verla como una muchacha que había cometido un descuido torpe entre tanto desastre. Algunos civiles bajaron los hombros y otros soltaron murmullos menos duros. El hombre del delantal, sin embargo, no compró la escena completa.

El sujeto recibió las monedas, las miró en su palma y sonrió apenas, con una calma demasiado limpia para alguien supuestamente molesto. —Eso paga lo pequeño —dijo, levantando la voz para que todos escucharan—. Pero lo que lleva en esa caja también salió de mi puesto. La tensión volvió de golpe. Dos trabajadores que estaban cerca de la carreta dejaron de discutir y se acomodaron frente al paso bloqueado. El viejo de la mercancía entrecerró los ojos al ver la caja. Desde atrás, el otro hombre avanzó un paso más, sin tocar a Ran, pero cerrándole espacio. Entonces el delantal extendió la mano, no hacia el dinero, sino hacia el broche. —Ábrala aquí y se acaba el problema. Si no robó nada, no tiene nada que esconder.

El callejón quedó pesado, lleno de polvo de especias, madera rota, aceite derramado y respiraciones incómodas. Adelante seguía la carreta atravesada, con civiles ocupando el paso y mercancía tirada por el suelo. Atrás, el hombre del delantal ya había logrado algo más peligroso que bloquearle la ruta: había puesto a la multitud a presionar por él. A los lados, los cajones apilados y las telas bajas no dejaban mucho margen para moverse sin chocar con alguien. La residencia Matzutake seguía al otro lado del Barrio Comercial, pero ahora parecía demasiado lejos para un encargo tan pequeño. El antídoto continuaba intacto dentro de la caja, cerrado y seguro por ahora.
Ran Kurai
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza8(1)
Destreza29(2)
Ctrl. de Chakra37(2)
Inteligencia46(2)
Especiales
Salud11
Velocidad10
Tenketsu9
Sigilo14
404
396
Enlace al Post
03-07-2026, 09:41 PM
Última modificación: 03-07-2026, 10:04 PM por Ran Kurai.
La joven lo sabía, lo sabía, lo sabía, realmente lo sabía… si ella finalmente cedía, si ella finalmente le hacía caso a ese fraudulento comerciante, pues simple y sencillamente, cómo causa directa, la misión se iría en picada, y con ello su éxito. ¿No que uno de los objetivos de dicha misión, era justa y precisamente mantener en todo momento, a toda costa el antídoto al interior de esa caja? Y esto no era solamente porque si algo, algún factor externo de la situación, algo que lógicamente escapara de las manos de la muchacha,  hacía que el antídoto se volviera inestable, y con eso que pudiera verse alterado en su contenido y en una de esas pudiera corromperse por completo, echándolo así a perder, sino porque estaba a la vez que muchas personas, sobre todo revendedores del mercado negro, pues se dieran cuenta ella efectivamente la poseedora de esa rara y exclusiva medicina, y que quisieran apropiarse de ésta. Y si bien, la primera reacción de las personas presentes en esa tan complicada situación, cuando ya la muchacha había dicho que ella accidentalmente había tomado algo sin pagar del puesto de ese individuo fue de lo más positiva, al momento siguiente, todo se volvió en su contra, debido a justa y precisamente a que ese mismo hombre insistía de manera irrevocable que ella aún tenía algo de él, casi ordenándole, si es que ya no lo hacía, a la joven que abriera esa caja, todo para así comprobar si ella había robado algo o no. 

Fue así como entonces no sólo el ritmo cardíaco de la chica comenzó a otra vez a acelerarse de una manera más que impresionante, sino que al mismo tiempo la muchacha pudo darse cuenta que era sólo cosa de fracciones de segundo como para que ese molesto temblor se manifestara en sus manos, ese mismo molesto temblor que siempre se presentaba en ella cuando se veía en una situación desfavorable. —No, no, no, ahora no—se dijo la joven a sí misma, sabiendo a la perfección que si sus manos comenzaban a temblar esa ya delicada situación de por sí, se volviera mucho más delicada todavía. Y es que, ¿qué dirían todos esos civiles, si la veían a ella, una supuesta ladrona acusada de apropiarse de algo que no era para por ningún motivo suyo, temblar, ponerse nerviosa, y así en el acto perder de manera definitiva el control de todo ésto? No, Ran lo sabía a ciencia cierta, que si ella demostraba toda esa vulnerabilidad, pues lo más seguro sería que la ya más que escasa credibilidad que tenía entre todas esas personas, sólo disminuyera  a tan punto de hacerla absolutamente nula. Sin embargo, y aún cuando esto sonara casi un milagro, y a pesar de lo inestable que la joven se sentía en esos precisos instantes, ella misma de alguna forma logró frenar ese temblor… y al hacerlo, se sintió más libre que nunca. ¿No que, después de todo, ella en ocasiones anteriores sólo pudo controlarse exitosamente gracias a esa medicina a la cual era extremadamente adicta?  

Sintiendo así cómo ella era el blanco de todas las miradas, la paranoia comenzó otra vez a manifestarse, aún cuando aún la chica lograra tener el control parcial del temblor de sus manos. —Está bien—dijo la kunoichi finalmente, aún sintiendo comezón en su garganta, debido a la nube en tonalidades rojizas, que aún estaba presente en el ambiente, ante la expectante mirada de todos los presentes, algo que solamente hacía que su ansiedad fuese en crecida, a la vez que giraba la dirección de la abertura de la caja hacia su propio pecho, estando ella plenamente consciente de que haría a continuación sería una medida más que desesperada— . Abriré la caja para que usted pueda cerciorarse de que esto me pertenece a mí, y que no ha sido robado—entonces de un momento a otro un nuevo bullicio, más fuerte y bullicioso que el anterior, comenzó a emerger entre la multitud, al mismo tiempo que la muchacha se fijaba muy bien en la expresión que pondría a continuación el propio comerciante, y es que ahora, en parte gracias a su paranoia, la idea de que él tal vez era perteneciente al esos individuos que manejaban el mercado negro, emergió de una forma sumamente violenta y hasta alarmante en su interior. ¿Ella y sus perseguidas conjeturas estaban en lo cierto, y  ella había dado con ese maleantes del mercado negro, o bien todo esto era nada más, ni nada menos, producto de su alterada imaginación? Y deseando en lo más profundo de su ser estar en lo correcto, ella prosiguió.

Sin embargo, justo ya cuando en apariencia la chica estaba por abrir la caja, fue que aprovechando que toda la atención sólo se encontraba única y exclusivamente concentrada en el tan misterioso y secreto contenido de esa caja, al menos para los civiles que rondaban en aquella zona, la muchacha acto seguido, y siempre manteniendo así al mismo tiempo contacto visual en todo instante, en todo segundo tanto con ese murmurante gentío que se estaba agolpado a su alrededor, cómo con el comerciante que la había acusado de robo, ella misma estiró su pierna izquierda en dirección de esos sacos de especias y cajones que aún se encontraban amontonados en ese estrecho callejón, y tras hacer un discreto y sigiloso movimiento con su pie, fue que una vez más los sacos y esos cajones cayeron pesada y peligrosamente al suelo, provocando así que una nueva nube se presentara ahí, nube emergida de las especies y otras cosas que estaban contenidas en esos sacos. Entonces todo otra vez fue caos, desorden, confusión,  a lo cual Ran no perdió tiempo alguno, activando así ella de inmediato su sharingan, logrando así gracias a este mismo, identificar dónde estaban ubicadas tanto los espectadores cómo el propio comerciante. Sabiendo que esta era en cierto modo su última oportunidad, y aún sumergida entre esa espesa nube que le impedía utilizar su jutsu de manera completa, fue que la genin giró su cuerpo hacia las salida del callejón que daba al Barrio Comercial. Y deseando que todo resultara cómo debía de ser, ella siguió su trayecto. 


✔Aprendida · 21-06-2026
◈Yin
✦Nivel: 1
#ID: UCHI101B
◔Coste
40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

Chakra: 140/250
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
04-07-2026, 08:33 PM
El truco de Ran funcionó justo por lo simple. La caja se inclinó hacia su pecho, todas las miradas se fueron al broche y el comerciante creyó que por fin había ganado espacio sobre ella. Entonces los sacos y cajones cayeron al suelo con un golpe pesado. Las especias se abrieron en una nube seca que mordió ojos, nariz y garganta. La gente tosió, retrocedió y perdió la línea que había formado sin darse cuenta. Los dos trabajadores que cerraban el paso quedaron cubiertos de polvo, el hombre del delantal soltó una maldición y por un momento nadie pudo distinguir bien dónde terminaba la nube rojiza del aire y dónde empezaba la nube nueva del callejón. El Sharingan de Ran le dio esa ventaja mínima entre siluetas, cuerpos y huecos abiertos. La caja no se abrió. El antídoto no quedó expuesto. El comerciante no logró ponerle las manos encima ni convencer a la multitud de detenerla antes de que el caos le rompiera la escena.

Después de eso, el resto fue menos limpio, pero suficiente. El callejón quedó atrás entre gritos, tos y mercancía pisoteada. Nadie siguió con orden; algunos civiles ni siquiera entendieron hacia dónde había ido la muchacha y otros estaban demasiado ocupados limpiándose los ojos. La residencia Matzutake recibió la caja cerrada, con el antídoto intacto y todavía seguro dentro. No hubo aplausos ni ceremonia. Solo una puerta abriéndose rápido, manos nerviosas tomando el paquete y una revisión corta para confirmar que el contenido seguía estable. El encargo estaba cumplido. Afuera, el Barrio Comercial continuaba lleno de humo rojo, rumores y gente mirando al cielo con miedo, pero esa parte ya quedaba fuera de la entrega. Ran había atravesado el desastre sin romper la única regla importante: la medicina llegó completa.


Misión cumplida.
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