22-06-2026, 08:09 PM
Y, ciertamente, a estas alturas, ya la muchacha no sabía del todo bien cuál sería a continuación su proceder. No sólo estaba el terrible hecho de que la ausencia de su padre, su tan distante y esquivo padre, se hacía cada vez más, más y más notoria en su hogar, el inmenso y magnífico palacete del tan influyente y noble clan de los Kurai, sino que también que su familia materna, el tan poderoso clan shinobi de los Uchiha, no se hacía presente en su propia vida, aún cuando la chica había obtenido el rango de genin… el mismo rango que su tan patética y mediocre madre había alcanzado con mucho, pero mucho esfuerzo, frenando así en el acto su carrera cómo ninja . ¿Era que tal vez la joven estaba condenada al fracaso, al olvido, al desprecio de los suyos, sólo por el mero hecho de haber existido…? Soltando entonces un sonoro bufido, acto seguido la muchacha tomó la decisión de salir de su tan lujoso y elegante cuarto, con la clara y única intención de abandonar de cuajo aquella inmensa edificación, y es que ya no soportaba estar viviendo en el mismo sitio en el cual vivía la alcohólica de su madre. ¿O era acaso que la chica estaba errando al cometer esas acciones, al no ser en absoluto empática con la mujer que, al fin y al cabo, le había dado la vida? Haciendo lo posible por deshacer todos esos tan ruidosos pensamientos, la joven finalmente hizo abandono de su hogar, siempre pensando…
Siempre pensando que tal vez lo mejor sería que ella se desligara por completo de su hogar paterno. Pero no, era cuando una vez más a la muchacha llegaba a la idea de que, después de todo, aún cuando le costara un mundo reconocerlo, que uno de sus deseos más arraigados en el fondo de su ser, era precisamente contentar a su padre, hacer que de una buena vez por todas él mostrara su aprobación en su mirada, tan azulada cómo la suya, y no sentir cómo prácticamente él todo el tiempo la observaba con ese profundo desprecio. Pero, ¿no que porque ella había nacido precisamente mujer era que había provocado todo este problema? ¿No que porque ella, al no ser varón, no podía hacer perdurar el aristocrático apellido Kurai por una generación más? Pensando en todas esas cosas, fue que los pasos de la chica no la llevaron a un lugar predeterminado, y es que eran tantos los pensamientos encontrados en su siempre alterada cabeza, a la vez que todas esas emociones se arremolinaban en el profundo de su ser, que ya le daba prácticamente igual a donde ella iba a parar… algo raro en Ran, en vista que por lo usual, por no decir que siempre, ella tendía a pensar muy bien las cosas antes de hacerlas. ¿No que así había logrado subsistir, sobrevivir en la asfixiante atmósfera que conformaban las familias más nobles de esa aldea? Ya que sí, la joven estaba plenamente consciente de que siempre tenía que pensar estratégicamente hablando.
La verdad era que sol, debido a la actual estación del año, estaba pegando con más fuerza que nunca contra su tan nívea y pálida piel, por no decir que ésta tenía una tonalidad prácticamente enfermiza, a tal punto que hasta un par de indeseables gota de sudor escurría por sus demacradas mejillas. ¿Cuándo llegaría el momento en el que su semblante fuese uno sano, rebosante de salud, y por qué no decirlo, hasta alegría?. A la muchacha nunca le había agradado especialmente el verano, tal vez debido a que ella había nacido justamente en invierno, añorando así esos cumpleaños en lo cual su padre de verdad no la miraba con ese especie de odio, pero a pesar de esto, al mismo tiempo que sacaba de entre sus ropajes un pulcro pañuelo blanco con el cual secó por el momento ese sudor de su tan melancólico rostro, ella sabía extremadamente bien que era precisamente en verano en donde las cosas en su familia, socialmente hablando, les iba mejor. ¿Acaso que era mejor para la genín, su bienestar personal, o bien lo que era más positivo para su clan, y así mismo a todos esos parientes, los cuales de todas maneras nunca la habían tratado de lo mejor para ella, todo por otra vez no haber nacido varón? Con todas esas ideas muy, pero muy fijas y estancadas en su obsesiva mente, fue entonces cuando por primera vez en todo ese rato la muchacha desprendió su mirada del piso, y al posarla hacia el frente, ella descubrió ese paisaje
Resultaba que las calles de la aldea estaban más repletas que nunca, a lo cual Ran dedujo finalmente, después de un par de segundos, que todo esa recibo precisamente a que estaban a esa estación del año definida cómo verano. No solamente los niños se veían de lo más felices, de lo más contentos paseando con entusiasmo junto a sus padres, sino que a la vez se notaba de lejos cómo los comerciantes y vendedores del lugar, transaban con mucho gusto las cosas que tenían disponibles a la venta. ¿Cómo podía ser posible que el ambiente de ahí fuese tan animado, tan alegre, con tanta dicha, cuando la muchacha de negro cabello azabache tenía su ánimo por lo suelos, casi como si ella fuese absolutamente incapaz de experimentar algo que no fuese propiamente eso llamado amargura? Estando ya la kunoichi más que harta de toda esa situación, seguidamente sus pasos se volvieron más veloces que los anteriores, y sin tomarse la molestia de volver a posar su sombría mirada hacia el frente, permaneciendo así derechamente a las baldosas de esas tan concurridas calles, la joven se resolvió a seguir caminando de esa manera, todavía resistiéndose a determinar con exactitud cuál sería su destino final. Siendo así, la chica siguió caminando de esa tan cabizbaja, pero a la vez raída y hasta furiosa manera, y ya cuando la muchacha estuvo por convencerse a sí misma que seguiría ese paseo totalmente a solas, fue que de un momento a otro ella misma chocó con algo…o más bien alguien.
Siempre pensando que tal vez lo mejor sería que ella se desligara por completo de su hogar paterno. Pero no, era cuando una vez más a la muchacha llegaba a la idea de que, después de todo, aún cuando le costara un mundo reconocerlo, que uno de sus deseos más arraigados en el fondo de su ser, era precisamente contentar a su padre, hacer que de una buena vez por todas él mostrara su aprobación en su mirada, tan azulada cómo la suya, y no sentir cómo prácticamente él todo el tiempo la observaba con ese profundo desprecio. Pero, ¿no que porque ella había nacido precisamente mujer era que había provocado todo este problema? ¿No que porque ella, al no ser varón, no podía hacer perdurar el aristocrático apellido Kurai por una generación más? Pensando en todas esas cosas, fue que los pasos de la chica no la llevaron a un lugar predeterminado, y es que eran tantos los pensamientos encontrados en su siempre alterada cabeza, a la vez que todas esas emociones se arremolinaban en el profundo de su ser, que ya le daba prácticamente igual a donde ella iba a parar… algo raro en Ran, en vista que por lo usual, por no decir que siempre, ella tendía a pensar muy bien las cosas antes de hacerlas. ¿No que así había logrado subsistir, sobrevivir en la asfixiante atmósfera que conformaban las familias más nobles de esa aldea? Ya que sí, la joven estaba plenamente consciente de que siempre tenía que pensar estratégicamente hablando.
La verdad era que sol, debido a la actual estación del año, estaba pegando con más fuerza que nunca contra su tan nívea y pálida piel, por no decir que ésta tenía una tonalidad prácticamente enfermiza, a tal punto que hasta un par de indeseables gota de sudor escurría por sus demacradas mejillas. ¿Cuándo llegaría el momento en el que su semblante fuese uno sano, rebosante de salud, y por qué no decirlo, hasta alegría?. A la muchacha nunca le había agradado especialmente el verano, tal vez debido a que ella había nacido justamente en invierno, añorando así esos cumpleaños en lo cual su padre de verdad no la miraba con ese especie de odio, pero a pesar de esto, al mismo tiempo que sacaba de entre sus ropajes un pulcro pañuelo blanco con el cual secó por el momento ese sudor de su tan melancólico rostro, ella sabía extremadamente bien que era precisamente en verano en donde las cosas en su familia, socialmente hablando, les iba mejor. ¿Acaso que era mejor para la genín, su bienestar personal, o bien lo que era más positivo para su clan, y así mismo a todos esos parientes, los cuales de todas maneras nunca la habían tratado de lo mejor para ella, todo por otra vez no haber nacido varón? Con todas esas ideas muy, pero muy fijas y estancadas en su obsesiva mente, fue entonces cuando por primera vez en todo ese rato la muchacha desprendió su mirada del piso, y al posarla hacia el frente, ella descubrió ese paisaje
Resultaba que las calles de la aldea estaban más repletas que nunca, a lo cual Ran dedujo finalmente, después de un par de segundos, que todo esa recibo precisamente a que estaban a esa estación del año definida cómo verano. No solamente los niños se veían de lo más felices, de lo más contentos paseando con entusiasmo junto a sus padres, sino que a la vez se notaba de lejos cómo los comerciantes y vendedores del lugar, transaban con mucho gusto las cosas que tenían disponibles a la venta. ¿Cómo podía ser posible que el ambiente de ahí fuese tan animado, tan alegre, con tanta dicha, cuando la muchacha de negro cabello azabache tenía su ánimo por lo suelos, casi como si ella fuese absolutamente incapaz de experimentar algo que no fuese propiamente eso llamado amargura? Estando ya la kunoichi más que harta de toda esa situación, seguidamente sus pasos se volvieron más veloces que los anteriores, y sin tomarse la molestia de volver a posar su sombría mirada hacia el frente, permaneciendo así derechamente a las baldosas de esas tan concurridas calles, la joven se resolvió a seguir caminando de esa manera, todavía resistiéndose a determinar con exactitud cuál sería su destino final. Siendo así, la chica siguió caminando de esa tan cabizbaja, pero a la vez raída y hasta furiosa manera, y ya cuando la muchacha estuvo por convencerse a sí misma que seguiría ese paseo totalmente a solas, fue que de un momento a otro ella misma chocó con algo…o más bien alguien.
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