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[Flashback] Algo que nunca cambia.
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza44(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra35(2)
Inteligencia6(1)
Especiales
Salud11
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo13
420
435
Enlace al Post
20-06-2026, 04:13 AM
Año 142, Raizen tiene ocho años
El patio de entrenamiento de la familia Sarutobi no era grande, pero alcanzaba. Piso de tierra apisonada, un cerco bajo de madera alrededor, y al fondo, un árbol viejo que daba la única sombra decente a esa hora de la tarde. Raizen llevaba puesto un gi negro de entrenamiento, ese que su madre le había cosido un poco más grande a propósito porque "todavía le falta crecer", y que a él le pesaba más en el orgullo que en el cuerpo. El bastón Bo, demasiado largo para sus brazos de niño, se le escapaba de las manos cada vez que intentaba el giro que su padre le había mostrado esa misma mañana.

Imagen visual.
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— De nuevo — dijo Yashin Sarutobi desde el borde del patio, con los brazos cruzados y esa quietud suya que parecía tallada en piedra.

Yashin no era un hombre que necesitara levantar la voz para que pesara. El parche cubría su ojo izquierdo desde antes de que Raizen naciera, una historia que nadie en la casa contaba completa, y la barba negra, igual de oscura que el pelo que le caía corto sobre la frente, le daba ese aire de quien ya vio demasiado como para sorprenderse con la torpeza de un hijo de ocho años. Lo miraba con dureza.
Raizen volvió a tomar posición. Las piernas separadas, el bastón firme entre las dos manos, tal como se lo habían enseñado mil veces. Giró el cuerpo, intentó el movimiento, y el bastón volvió a resbalarle entre los dedos, golpeando el suelo con un ruido seco que sonó mucho más fuerte de lo que en verdad fue.

— ¡No es justo! — explotó, antes de poder pensarlo dos veces. — ¡Khira lo hizo bien a la primera, Yugen también, y yo no puedo ni sostener el palo derecho!

Lo dijo con la cara roja, con esa mezcla de bronca y vergüenza que a los ocho años todavía no se sabe disimular. Pateó el bastón caído, una patada chica, sin demasiada fuerza real, más un gesto que una acción.

— El palo se llama bastón Bo — corrigió Yashin, sin moverse del lugar. — Y no importa lo que hicieron tus hermanos. Importa lo que hacés vos, ahora, en este patio.

— ¡Pero es que ellos siempre pueden, y yo nunca puedo! — La voz se le quebró un poco al final, aunque intentó disimularlo con más enojo todavía.
Yashin no respondió enseguida. Se quedó observándolo con esa mirada de un solo ojo que parecía ver más de lo que cualquiera con los dos abiertos. Después caminó hasta donde estaba el bastón, lo levantó del piso con un movimiento simple y se lo devolvió a Raizen, tendiéndoselo con la mano abierta.

— Levantalo y probá otra vez.

Raizen lo tomó con más fuerza de la necesaria, como si eso fuera a cambiar algo. Volvió a la posición. Volvió a intentar el giro. Esta vez el bastón llegó un poco más lejos antes de escapársele, y por un segundo, algo dentro de él se iluminó con una esperanza completamente desproporcionada al logro real.

— ¡Eso! ¡Eso estuvo mejor! — gritó, con una sonrisa enorme que le ocupó toda la cara, saltando un poco en el lugar como si hubiera ganado algo importante.

— Todavía se te cayó — dijo Yashin, sin alterar el tono, aunque algo en su único ojo se movió apenas, algo que podría haber sido el inicio de una sonrisa que nunca llegó a completarse del todo.

La alegría de Raizen se desinfló tan rápido como había aparecido. Frunció el ceño, apretó los labios, y volvió a tomar posición con más fuerza que técnica.

— Bueno, ¡pero casi! — insistió, aunque ya no con tanta convicción.

El tercer intento salió peor que los anteriores. El bastón se le trabó entre las manos en un ángulo raro, perdió el equilibrio, y terminó con una rodilla en el piso y el orgullo todavía más golpeado que la tierra bajo él.

— ¡Esto es estúpido! — El grito le salió solo, sin filtro, golpeando el bastón contra el suelo con las dos manos, una, dos, tres veces, como si la madera tuviera la culpa de algo. — ¡No sirvo para esto! ¡Nunca voy a poder hacerlo bien!

Yashin no se acercó. No lo regañó por el grito, ni por el golpe al piso, ni por las lágrimas que empezaban a juntarse en los ojos de su hijo sin terminar de caer. Solo se quedó ahí, observándolo con esa dureza que no era crueldad, sino algo más parecido a la espera. Esperando a ver si Raizen se quedaba tirado en el piso, o si se levantaba solo, otra vez, como ya empezaba a ser costumbre en él.

— Levantate — dijo finalmente, con la voz tan firme como siempre. — Y volvé a intentarlo.
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