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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato
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[E] Limpieza del Aviario
Koga
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19-06-2026, 10:55 PM
El Aviario de Konohagakure en particular que se les había indicado se encontraba en uno de los sectores menos transitados de la aldea, apartado del bullicio constante de los mercados y de los campos de entrenamiento donde los jóvenes shinobi solían pasar la mayor parte de sus días. Era un recinto amplio, protegido por cercas de madera reforzada y cubierto parcialmente por grandes redes que evitaban que las aves más valiosas escaparan hacia los bosques que rodeaban la villa. Desde la distancia ya podía escucharse el incesante coro de graznidos, chillidos y aleteos que se mezclaban en una cacofonía constante.

La mañana era cálida cuando los gemelos Hyūga llegaron al lugar con la documentación de la misión en mano. La responsable del aviario los esperaba junto a la entrada principal, una mujer de edad avanzada cuyo rostro reflejaba el agotamiento acumulado de varios días de trabajo que no habían sido suficientes para realizar todo lo que buscaba hacer. Bastó una mirada al interior para comprender por qué la petición había terminado convertida en una misión oficial.

El panorama era desastroso.

Las aves ocupaban prácticamente cada rincón disponible. Algunas permanecían tranquilas en sus perchas, mientras que otras revoloteaban libremente por los pasillos, levantando nubes de plumas que flotaban lentamente bajo los rayos de sol que atravesaban la malla superior. El suelo apenas podía distinguirse bajo la acumulación de suciedad. Restos de alimento se encontraban desperdigados por todas partes, mezclados con semillas rotas, cáscaras vacías y montículos que llevaban demasiado tiempo sin ser retirados.

Varias jaulas presentaban recipientes de agua volcados. Otras estaban cubiertas por manchas secas que se habían adherido a los barrotes después de días de abandono. Los comederos rebosaban de restos fermentados que desprendían un olor desagradable capaz de percibirse incluso desde la entrada. En algunos rincones, pequeños grupos de pájaros habían comenzado a construir nidos improvisados utilizando cualquier material que encontraban a su alcance, incluyendo trozos de cuerda, hojas arrastradas por el viento e incluso partes de antiguos utensilios de limpieza.

La encargada explicó la situación con evidente frustración. Durante las últimas semanas varios trabajadores habían enfermado o habían sido reasignados a otras labores relacionadas con el esfuerzo de reconstrucción de ciertas infraestructuras de la aldea. Como resultado, el mantenimiento diario del aviario había quedado cada vez más descuidado. Lo que normalmente requería unas pocas horas de trabajo constante se había convertido en un problema considerable.

Mientras hablaba, una bandada de aves atravesó el recinto de un extremo al otro, levantando una nueva lluvia de plumas. Algunas terminaron posándose sobre estanterías cubiertas de polvo mientras que otras aterrizaban directamente sobre pilas de sacos abiertos cuyos contenidos quedaron inmediatamente esparcidos por el suelo. Era evidente que aquello estaba muy lejos de ser una simple tarea rápida.

Las aves nusnas, ajenas a la gravedad del problema, continuaban con su rutina diaria. Algunas se perseguían entre las estructuras de madera y ocupaban cualquier espacio libre que encontraban. El resultado era una escena caótica donde el ruido, el desorden y la suciedad parecían haberse acumulado durante semanas.

— ¿Necesitan algo más? —Les preguntó la mujer, después de indicarles en donde podían encontrar escobas, cepillos, y otros artefactos de limpieza.
[Imagen: RoaK1gc.png]
Akira Hyuuga
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20-06-2026, 12:31 PM
Última modificación: 20-06-2026, 12:53 PM por Akira Hyuuga.
La periferia de Konohagakure tiene una extraña manera de recordarnos que, por mucho que construyamos monumentos de piedra para vanagloriar nuestra historia, la entropía siempre tiene la última palabra. El aviario no era un edificio, era una tesis doctoral sobre el caos. Mientras caminaba hacia el complejo, el aire cambió: amoníaco, semillas fermentadas y ese dulzor denso de la descomposición orgánica. Un perfume que se adhiere a la conciencia, recordándonos que la civilización es, en el mejor de los casos, una capa de barniz sobre el abismo.

Akira se detuvo un instante antes de cruzar el umbral. Sus ojos, perlados y fijos en la madera reforzada que crujía bajo la presión del viento, no mostraban indignación, sino una curiosidad analítica.

—Observa, Mayura —dijo Akira, soltando una pequeña risa seca—. Nos enseñan que la paz de la aldea descansa sobre los hombros de los shinobi, pero olvidan mencionar la letra pequeña: a veces, esa paz requiere ser la escoba que intenta barrer el desorden inevitable de la existencia. Es casi cómico. Herederos de un linaje que todo lo ve, llamados a limpiar la mierda de un grupo de aves que, irónicamente, tienen más libertad que nosotros.

Ajustó la correa de su guantelete derecho con lentitud. La piel del guantelete estaba fría, un contraste necesario ante el calor húmedo y pegajoso de la mañana. No había odio en el gesto, solo una aceptación mordaz de la ironía. Al entrar, la cacofonía los recibió como un golpe físico. Graznidos, aleteos frenéticos y el olor que se te metía hasta el fondo de la garganta.

Akira comenzó a caminar, sus botas hundiéndose en una mezcla de tierra y plumas.

—La naturaleza, en su forma más pura, es un desastre desorganizado —murmuró, su voz apenas audible bajo el barullo—. Pasamos la vida obsesionados con la estructura, con la precisión de los sellos y el orden de los rangos. Pero aquí dentro... —hizo un gesto amplio, ignorando a la encargada que los miraba con ojos vidriosos de fatiga—, aquí dentro no hay orden. Solo supervivencia y desperdicio. Es fascinante, ¿no crees? Que todo nuestro entrenamiento culmine en una sesión de higiene ambiental.

Escuchó el balbuceo de la mujer sobre la escasez de personal y la reconstrucción. Akira no sentía lástima, solo desapego. Sus palabras eran ruido blanco que no merecía ser procesado.

—Entendido —cortó, su tono carente de crueldad, pero afilado como el acero—. Menos palabras, más herramientas. La crisis de la aldea no se soluciona con lamentaciones. Si el lugar se cae a pedazos, déjanos el espacio. No necesitamos explicaciones sobre el caos, estamos aquí para mitigarlo.
Cuando la mujer se retiró, Akira dejó caer su mochila en un rincón. Activó su percepción sensorial, escaneando el aire. No el Byakugan, era demasiado pronto para eso; prefería dejar que sus otros sentidos le contaran la historia primero. Observó cómo el polvo se acumulaba siguiendo patrones geométricos. La suciedad, como el chakra, también obedecía a sus propias leyes. Leyes de gravedad y abandono.

—El dilema aquí, Mayura, no es la suciedad —comentó, caminando hacia una zona donde las jaulas estaban más degradadas—. Es la resistencia al cambio. Este aviario ha decidido que su estado natural es la ruina. Nosotros somos la anomalía. Intentamos imponer orden en un sistema que claramente prefiere pudrirse. Una metáfora bastante honesta para nuestra existencia, supongo.

Comenzó a limpiar. Su estilo, lejos de ser el barrido torpe de un civil, era una coreografía de eficiencia bruta. Cada movimiento de la escoba era preciso, economizando energía. No estaba limpiando por limpiar; estaba ejecutando desplazamientos que recordaban a las katas de Taijutsu. El enemigo aquí no era un ninja enemigo, era el olvido.

—A veces envidio a las aves —añadió, mientras arrastraba una masa de desperdicios—. No tienen que preocuparse por el "qué dirán" de los ancianos, ni por la pureza de un linaje que solo parece importar cuando toca pagar el precio de la sangre. Solo comen, vuelan, chillan y dejan que la gravedad haga el trabajo sucio. Si dejáramos de intentar ser lo que esperan que seamos... ¿qué quedaría? ¿Solo instinto? ¿O quizás algo más real?

Akira se detuvo un momento, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano. Sus ojos, perlados y serenos, observaron a su hermano. Había una verdad en Mayura que Akira respetaba. A diferencia de él, que usaba el sarcasmo, pendencia y la filosofía como escudos contra la presión, Mayura parecía habitar en una lucha más interna, más colorida, más dolorosa. Akira no quería invadir ese espacio, pero sentía la necesidad de recordarle que, incluso en el estiércol, seguían siendo quienes eran.

—No te tomes esto demasiado en serio —añadió, su tono suavizándose, aunque manteniendo esa mordacidad habitual—. Si nos volvemos demasiado eficientes, la aldea empezará a asignarnos misiones de limpieza todos los días. Y aunque la filosofía es buena, preferiría no terminar mis días siendo el conserje de Konoha.
Continuó con su tarea, pero esta vez con una intensidad diferente. Sus manos, siempre listas para imbuir chakra en los guanteletes y destrozar cualquier amenaza, ahora se movían con una delicadeza inesperada. Estaba manipulando las herramientas con el mismo control que usaría para ejecutar un Juken si la situación lo requiriera. La limpieza se convirtió en una forma de meditación activa.


¿Limpiar excrementos? ¿Para esto sirve el linaje de los Hyūga? Mis ojos, capaces de diseccionar el flujo de energía más sutil del universo, ahora se ven forzados a calcular la trayectoria de parvadas sin sentido y a distinguir entre capas de suciedad. Es una ironía que roza lo absurdo. Mayura se mueve con esa diligencia servil, frotando la inmundicia como si el acto de limpiar un aviario pudiera purificar la sombra que arrastramos sobre nuestro nombre. Qué desperdicio de potencial.

El hedor es insoportable, pero lo que realmente me revuelve las entrañas es la irrelevancia de esta tarea. Observo a esa mujer agotada y solo veo la encarnación de la debilidad humana; esa misma fragilidad que el mundo espera que protejamos, pero que, a mis ojos, no es más que el síntoma de una existencia estancada. Activo mi mirada y contemplo los patrones de chakra de estas aves: erráticos, frenéticos, inútiles. Todo en este lugar carece de orden, de propósito, de verdad. Si el deber shinobi se reduce a esto, a una degradación constante entre plumas y desperdicios, entonces nuestra grandeza es una burla bien ensayada. Me pregunto si el clan se ríe de nosotros o si, simplemente, han olvidado qué es lo que realmente somos.
[Imagen: JK2RddW.png]
Mayura Hyuga
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21-06-2026, 05:14 PM
Verano 5, Año 150, Aviario de Konohagakure no Sato



Aviario

Imagen robada de la Side Quest - La Marca roja.
[Imagen: 285b6c47-73cb-476b-9af5-622eef359ee3.png]


Era una mañana cálida y agitada para el par de gemelos. Habían sido forzosamente asignados a una misión para limpiar el aviario todo como parte de una “pequeña” sanción por parte de su madre. La misión sonaba como una pesadilla en vida, limpiar un aviario significaba ensuciarse, uno de los enemigos mortales del joven Mayura. Sin embargo, hoy estaba emocionado, mientras caminaban hacia su destino, iba saltando, sonriendo y tarareando, con muchos más ánimos que su hermano.

Ya frente al umbral, su sonrisa se intensificaba con cada segundo, su ansia se revelaba a través de brinquitos y sus pensamientos se volvían más dispersos y volátiles, como los de un niño frente a un parque de diversiones. Escuchó las palabras de Akira, pero no respondió de inmediato, solo le miró sonriente y pensativo. — ¿Crees que habrá pavos reales? — Respondió con entusiasmo, lanzando una pregunta ante los comentarios reflexivos de su hermano.

La verdad es que, el extraño humor de Mayura por la misión provenía de aquella expectativa para encontrar un pavo real. El chico adoraba las aves, en especial los pavos reales, su plan era socializar con ellos hoy, hasta decidió vestir su túnica bordada con diseños de pluma de pavo real para “mezclarse” entre las aves. Por supuesto, ensuciarse no estaba en sus planes, prefería no hacerlo y dejarle todo el trabajo a Akira. Sin embargo, su mente estaba cegada por la colorida idea de compartir con el tipo de ave que amaba.

Al cruzar el umbral, Mayura quedó anonadado. La realidad le chocó como una cachetada en la cara. No podía ver pavos por ningún lado, el hedor era insostenible y el aviario completo era un tremendo desastre. ¿Tenían que limpiar todo eso solos? Jamás, ya se había dado por vencido y aún la misión no comenzaba. Las palabras de su hermano nuevamente fueron irrelevantes; ahora ni siquiera pudo responderle. Estaba tan desilusionado que su rostro reflejó cansancio y pereza inmediatos. — Sabes que no me interesan los sellos ni nada de esas cosas. — Fue su única respuesta, con evidente desgano en su tono, una frase que, si bien sonaba trivial entre ellos, sabían perfectamente que traería un castigo peor si la repetía frente a su madre.

La señora que les recibió les dio las instrucciones. Si bien Akira pudo decir su entendido, Mayura por su parte, solo seguía perdido en sus ganas de largarse y la pereza de siquiera agarrar una escoba. — Disculpe, señora. ¿En serio no hay pavos reales? No los veo por ningún lado. — solicitó hacia la señora que les había preguntado si necesitaban algo más.

El momento de iniciar había llegado. Mayura continuaba desganado, activó su byakugan desde el inicio, no porque sentía que fuera de ayuda para la misión, sino porque esperaba que le ayudara a encontrar un pavo real con más facilidad dentro de la multitud de aves descontroladas. Desafortunadamente, no encontró ninguno, pero sí visualizó un ave que llamó toda su atención, un ave con plumaje espectacularmente colorido. — ¡FA…BU…LOSOOOOO! — exclamó con evidente entusiasmo, alterando a algunas aves. Su ánimo regresó de inmediato, al haber podido presenciar otra ave bella, no era lo suficiente para suplantar a los pavos reales, pero sí para animarle en el momento.

Tomó una escoba y un recogedor, empezando a barrer con entusiasmo. Su barrida no era un entrenamiento ni mucho menos, era un baile, uno perfectamente sincronizado para esquivar el excremento que caía de vez en cuando por las aves que volaban sobre ellos. Era rápido, desenfrenado y quien no lo conociera probablemente lo vería igual de desorganizado que las aves del lugar.

Entonces el comentario de su hermano le interrumpió tocando un tema que jamás podía ignorar, aves y libertad en la misma oración. — Parece que ya me entiendes. Esa libertad de las aves es envidiable, la capacidad para vivir libremente sin normas estúpidas como las del clan. Pero nada, ya deja de hablar tanto… ¡me quieroooo irrr! — respondió a su hermano antes de continuar con su baile torrencial que a pesar de que levantaba suficiente polvo por la velocidad en la que lo hacía le permitía mantener un ritmo por encima de cualquier limpiador promedio. Ahora tocaba barrer hasta recoger todo lo sucio del suelo, colocando toda la basura dentro de los sacos destinados para ello.

Cuando terminó de barrer, soltó un leve suspiro. Haber estado bailando y barriendo al mismo tiempo sin duda era tan cansado como cualquier entrenamiento de resistencia, pero claro, para el Pavo Real de Konoha aquello era parte de la recompensa de dar un buen espectáculo. — ¡Esta jaula es miaaaa! — Exclamó hacia Akira, señalando a la jaula del pájaro que había visto antes ofreciéndose a limpiar aquella.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Koga
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21-06-2026, 05:59 PM
Última modificación: 21-06-2026, 06:00 PM por Koga.
Pese al desastre inicial, el aviario comenzó a cambiar poco a poco. Era un progreso lento, casi imperceptible al principio, como observar crecer la hierba. Un rincón despejado revelaba el suelo de piedra que había permanecido oculto bajo capas de plumas y suciedad; una fila de recipientes era limpiada y rellenada; una jaula recuperaba sus colores originales al ser liberada de la mugre acumulada en los barrotes. El caos seguía dominando la mayor parte del recinto pero ya no era absoluto. Las aves, sin embargo, parecían haberse propuesto convertir la misión en una prueba de paciencia. Algunas se movían de un lugar a otro justo cuando una zona había sido limpiada, dejando tras de sí nuevas plumas y semillas. Otras revoloteaban tan cerca de las escobas que obligaban a detenerse para evitar golpearlas. Cada pequeña victoria venía acompañada de un nuevo inconveniente.

El calor del verano también empezaba a hacerse sentir. El polvo levantado por el movimiento constante se mezclaba con el olor del aviario, formando un ambiente pesado que parecía adherirse a la ropa y al cabello. Incluso los sonidos habían cambiado. Al principio, los graznidos parecían un único estruendo desorganizado, pero con el paso del tiempo comenzaron a distinguirse patrones: llamadas de advertencia, trinos repetitivos, pequeños silbidos y los ruidos de aves que parecían mantener interminables conversaciones entre ellas.

La jaula que Mayura había reclamado para sí resultó pertenecer a uno de los habitantes más peculiares del lugar.

Era un ave de plumaje brillante y colores vivos, notablemente más curiosa que las demás. Mientras el joven trabajaba en los alrededores de la jaula, el animal lo observaba con una atención inusual, inclinando la cabeza de un lado a otro y siguiéndolo con pequeños movimientos precisos. A diferencia de otros pájaros, que se habían apartado de la actividad humana, aquella criatura parecía fascinada por todo cuanto ocurría a su alrededor.

Durante varios minutos permaneció en silencio, observando.

Entonces, de repente, un sonido diferente se abrió paso entre el coro de graznidos.

— ¡Fa… bu… lo… sooooo!

La voz era imperfecta, aguda y extrañamente chirriante, pero la palabra era inconfundible. El ave había imitado a Mayura. El pájaro ladeó nuevamente la cabeza.

— ¡Fa… bu… lo… sooooo! —repitió, esta vez con más seguridad.

Un grupo de pequeñas aves cercanas se agitó al escuchar aquel extraño sonido. Una incluso respondió con un chillido indignado, como si desaprobara la interrupción.
Pero la criatura de plumaje colorido parecía encantada consigo misma. Volvió a emitir un pequeño silbido, observó a Mayura y, como si hubiera descubierto un juego nuevo, repitió por tercera vez:

— ¡Fabulosoooo!

El aviario entero seguía siendo un desastre. Quedaba todavía mucho trabajo por delante y el cansancio comenzaba a acumularse. Sin embargo, al menos ahora el lugar parecía menos miserable.
Akira Hyuuga
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22-06-2026, 06:42 PM
El hedor a amoníaco y plumas descompuestas se me adhería a la garganta, una sensación asfixiante que amenazaba con volverme el estómago. Sin embargo, lo que me mantenía anclado en este lugar, apartando la mirada de la suciedad, era ver a Mayura. Ahí estaba, convirtiendo el trabajo más degradante de la academia en una coreografía absurda, moviéndose con una ligereza que parecía desafiar la gravedad y el sentido común.

— ¡Fa… bu… lo… sooooo!

El grito chirriante del ave al imitarlo me golpeó como un eco del pasado. Cerré los ojos un instante, dejando que el sonido me transportara a un lugar mucho más frío que este aviario: los pasillos de nuestra casa, años atrás. Recuerdo vívidamente a un Mayura mucho más joven, intentando imitar el vuelo de un ave en el patio, con los brazos extendidos y una sonrisa que le iluminaba hasta los ojos. Recuerdo la voz gélida de nuestro padre cortando el aire como un bisturí, la reprimenda severa por "perder el tiempo en estupideces impropias de un heredero". El miedo que sentí entonces, no por mí, sino por él, cuando vi cómo su luz se apagaba bajo la sombra de la jerarquía.

Abrí los ojos y miré el entorno actual. La mugre del aviario no era nada comparada con la esterilidad emocional en la que nos obligaron a crecer. Ver a Mayura ahora, aquí, sin miedo a ser juzgado, a ser ruidoso, a ser él mismo a pesar de la misión, es lo que me da fuerzas. Su libertad no es solo un capricho; es una victoria pequeña y constante sobre todo lo que intentaron robarnos.

Inconscientemente, el chakra fluyó hacia mis sienes. El Byakugan se activó, desplegando las venas alrededor de mis ojos. Mi visión periférica atravesó la madera podrida y los nidos sucios, escaneando cada rincón con una intensidad quirúrgica. No por sospecha, sino por instinto. No permitiría que nada externo, ni una simple enfermedad ni una intromisión, tocara esa alegría que tanto esfuerzo le había costado recuperar.

Al confirmar que el entorno estaba "limpio" de amenazas reales, disipé el dōjutsu y solté un suspiro, bajando el ritmo de mi barrido. Me acerqué a su jaula, apoyándome un momento contra la estructura metálica.

—Está bien, "pavo real" —dije, suavizando el tono hasta convertirlo en un murmullo casi inaudible bajo el estruendo de las otras aves, dándole un leve empujón amistoso en el hombro—. Disfruta tu momento de fama con el plumífero. Pero no te pases de la raya; si la encargada vuelve y ve que el trabajo pesado lo estoy haciendo yo solo mientras tú das un show, voy a tener que cobrarme este favor después. Y créeme, no quieres ver cómo te hago limpiar las jaulas altas.

Le lancé una mirada que intentaba disimular el alivio que sentía al verlo sonreír.

—Termina esto pronto —añadí, ya retomando mi labor con una eficiencia mecánica—. Tenemos cosas mejores que hacer que morir lentamente en este basurero.
[Imagen: JK2RddW.png]
Mayura Hyuga
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23-06-2026, 08:28 PM
Mayura estaba en su mundo. Al entrar a la jaula y estar cerca del ave, no perdió mucho tiempo en empezar a limpiar. Quería terminar rápido y marcharse de allí al ver cómo el sucio se le había pegado en toda la ropa y el hedor se había hecho cada vez más insoportable. Afortunadamente, acostumbraba a utilizar su bañador tipo speedo como ropa interior, por lo que cuando la misión terminara no tendría problemas en ir al río que estaba cerca y darse un merecido chapuzón de agua fría con el tremendo calor que había.

Dentro de la jaula, arrancó a limpiar las manchas secas que encontró utilizando un paño húmedo. — ¡Puagh! Qué asco. Este trabajo no es digno del gran Pavo Real de Konoha.— reprochó al instante utilizando su autoimpuesto apodo. Aceleró el paso y tardó solo unos pocos minutos en terminar con las manchas que hubiera en la jaula. Ahora estaba a punto de iniciar con los contenedores de agua y las demás cosas volcadas o tiradas en el suelo, pero un milagro le interrumpió. La sorpresa fue tan grande que terminó por desactivar su byakugan sin siquiera notarlo al instante.  

El ave había lanzado la misma palabra que Mayura. El joven Hyuga volteó al instante, su rostro se sonrojó y una enorme sonrisa de emoción se dibujó en su rostro. ¿Un ave hablándole, lanzándole piropos? Era increíble cómo en su mente hasta las aves eran capaces de admirar su belleza. Soltó los trapos al instante y se acercó a la plumifera. Se vieron directamente y entonces otras dos veces repitió la palabra.

— ¡OH MI DIOS! ¡¿ESCUCHASTE ESO?! — volteó al exclamar a su hermano con un tono de emoción desenfrenada y un brillo único en sus ojos. — ¡Hasta un ave puede admirar su belleza! — continuó con la misma emocion aunque gritando un poco más bajo para no espantar a su nueva amiga. — ¡Vamos, repítelo preciosa! ¡Fa…buuu…LOSO! — Mayura ya no estaba interesado en seguir su trabajo. Más bien decidió ocuparse en jugar con el ave, daba vueltas y repetía — ¡FABULOSO! —  una y otra vez hasta que su hermano le recordó lo que era importante.

— No me hables de esa señora. Jum. Es una pesada, ni siquiera pudo responder mi pregunta sobre los pavos ni mucho menos elogiar mi belleza. — se quejó con su hermano mientras que volvía a ocuparse con el trabajo. — Nos vemos al rato, querida. Deberías venirte conmigo a casa. — Dijo hacia el ave con un tono amigable y un guiño antes de apartarse de esta.

Entendió el “termina esto pronto” y las demás palabras como un recordatorio. Acelerando su paso, arrancó a recoger todo lo que hubiera tirado o volcado, de igual modo iría rellenando de agua y de comida lo que fuera suficiente. Entonces, al casi tropezar, notó que estaba aun más sucio que antes. — Imperdonable. —  murmuró antes de girar hacia su hermano. — ¿Te parece si nos paramos en el río camino a casa? Traje mi bañador. — preguntó sonando mucho más cansado que antes.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
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23-06-2026, 09:31 PM
El ave de plumaje colorido observó a Mayura con una atención absoluta. Inclinó la cabeza hacia un lado, luego hacia el otro, y sus pequeñas garras se aferraron al perchero de madera con evidente emoción.

— ¡Fa... bu... lo... so! —repitió nuevamente pero esta vez no estuvo sola. Desde una jaula cercana se escuchó un silbido agudo.

— ¡Faaabuloooo! —Otra ave respondió desde algún lugar más alto.

— ¡...buloso!
Hubo un instante de absoluto silencio... Entonces, como si una chispa hubiera prendido en medio del aviario, el caos se multiplicó.

— ¡Fabulosoooo!

— ¡Fa-bu-lo-so!

— ¡¡FABULOSO!!

— ¡BULOSO!

Una pequeña ave gris intentó pronunciar la palabra y solo consiguió un '¡Fabu!' Que inmediatamente fue seguido por otra, más insistente '¡FABULOSO!'. Y luego otra, u otra, y otra más. En cuestión de segundos, el aviario entero se había convertido en un coro absurdo de pájaros repitiendo la misma palabra con distintos tonos, timbres y grados de éxito. Algunas aves parecían entender que se trataba de un juego; otras simplemente imitaban los sonidos que escuchaban a su alrededor sin comprender absolutamente nada.

El resultado era una escena completamente ridícula, entre graznidos y aleteos, una decena de pájaros proclamaba la misma palabra una y otra vez.

— ¡FABULOSO!

— ¡Fabuloooo!

— ¡Fa... bu... lo... so!

— ¡¡FABULOSO!!

Incluso algunas aves que no eran capaces de reproducir sonidos humanos comenzaron a emitir chillidos que, de alguna manera, parecían intentar participar en la conversación.

La encargada del aviario apareció brevemente en la entrada al escuchar el alboroto. Miró el interior, observó a las aves gritando aquella extraña palabra y simplemente parpadeó varias veces, como si estuviera cuestionando toda su existencia. Luego decidió no preguntar. Se dio media vuelta y regresó por donde había venido.

El coro continuó todavía unos minutos más, hasta que el interés de las aves comenzó a dispersarse y poco a poco regresaron a sus comportamientos habituales.
Sin embargo, cada cierto tiempo, desde algún rincón del recinto, todavía se escuchaba un inesperado— ¡Fabuloso! —Y luego otro, en respuesta:

— ¡Fabuloooo!

Como si el aviario entero hubiera aprendido una nueva palabra y se negara a olvidarla, pero por más divertido que fuera el momento, el trabajo seguía allí. Muchísimo trabajo. Las horas comenzaron a pasar y las escobas siguieron moviéndose sobre el suelo. Los recipientes fueron enderezados y lavados. El agua sucia fue reemplazada por agua limpia y fresca. Los comederos vacíos fueron llenados nuevamente. La suciedad acumulada en las jaulas desapareció poco a poco, y los sacos destinados a la basura empezaron a amontonarse en un rincón del recinto. Era una labor agotadora.

El calor del verano no daba tregua y el cansancio se acumulaba en los brazos y la espalda. Cada vez que parecía que habían terminado una sección, aparecía otra que necesitaba atención. Las plumas parecían multiplicarse por arte de magia, y algunas aves tenían un talento casi sobrenatural para ensuciar un lugar recién limpiado.
Pero los gemelos continuaron. Lento y constante, sin detenerse hasta que poco a poco, el caos empezó a retroceder. La diferencia se hizo evidente cuando la luz del mediodía comenzó a entrar desde lo alto. El suelo volvió a ser visible en gran parte del aviario. El olor, aunque seguía presente, había disminuido considerablemente. Las jaulas lucían ordenadas y los recipientes de agua reflejaban la luz con claridad.

Incluso las aves parecían más tranquilas.

Por primera vez en mucho tiempo, el aviario parecía un lugar cuidado. Cuando finalmente llegaron a la última parte del trabajo, el cansancio era evidente. El sudor, el polvo y las plumas se habían convertido en compañeros inevitables de la jornada. La tarea había sido mucho más larga y exigente de lo que cualquiera habría imaginado al escuchar la simple frase "limpiar el aviario". Sin embargo, el resultado era innegable.

Habían hecho un buen trabajo. Muy buen trabajo. Y como si el propio aviario quisiera reconocer el esfuerzo invertido, el pájaro de plumaje colorido levantó la cabeza desde su percha y anunció con absoluta solemnidad:

— ¡FABULOSO!

Un segundo después, tres aves distintas le respondieron desde diferentes rincones.

— ¡FABULOSO!

— ¡Fabuloooo!

— ¡Fa...bu...lo...so!

El extraño coro resonó por todo el recinto y ahora el desorden del aviario sonó casi como un aplauso.

Off
Con una respuésta más de tanto Akira como Mayura pueden dar la misión por terminada, ¡Felicidades chicos! ¡FABULOSO!
[Imagen: RoaK1gc.png]
Akira Hyuuga
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25-06-2026, 03:21 PM
El coro absurdo de graznidos resonando por todo el recinto habría desquiciado a cualquiera, pero a mí solo me provocó una extraña y silenciosa satisfacción. Ver a la encargada darse la vuelta con cara de haber cuestionado su existencia no tuvo precio, pero lo mejor fue ver el brillo intacto en los ojos de Mayura. Contra todo pronóstico, contra la mugre, el calor sofocante y el recuerdo gélido de nuestro pasado, su esencia seguía ahí, ruidosa y libre. Esa pequeña victoria diaria valía cada maldita pluma pegada a mi ropa.

Cuando depositamos el último saco de basura en el rincón y el ave colorida soltó su solemne "¡FABULOSO!" final, no pude evitar una sutil sonrisa que borré de inmediato en cuanto mi hermano se giró a mirarme. El aviario estaba impecable, el agua relucía bajo la luz del mediodía y el deber estaba cumplido.

Me pasé el dorso de la mano por la frente, limpiando el sudor mezclado con polvo, y miré de arriba abajo a Mayura ante su propuesta.

—¿El río? —resoplé, cruzándome de brazos con una mueca de fastidio fingido—. Más te vale que te muevas rápido, "Pavo Real". Apestas a gallinero interactivo y no pienso caminar a tu lado de regreso a la aldea oliendo así.

Caminé hacia la salida del aviario, haciendo sonar mis articulaciones con un par de giros de hombros, antes de lanzarle una mirada de reojo, cargada con esa dureza afectuosa que siempre nos ha definido.

—Además, me parece una excelente idea. Ya que vas a estar en bañador, aprovechemos que el terreno del río es resbaladizo para entrenar un rato el Jūken. Hace bastante tiempo que no te arrastro por la tierra y ya te hace falta que tu hermano mayor te baje los humos y te recuerde lo que es un golpe de verdad. No querrás que me oxide por culpa de tus misiones de limpieza, ¿o sí?

Le di un golpe seco, pero controlado, con el reverso del puño en el brazo, incitándolo a seguirme el ritmo mientras salíamos al calor del verano, listos para dejar atrás el asco del aviario.


OFF
ULTIMO POST POR MI PARTE CIERRA MAYURA GRACIAS AL NARRADOR Y A MAYURA POR PARTICIPAR 
[Imagen: JK2RddW.png]
Mayura Hyuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza1(1)
Destreza60(3)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia4(1)
Especiales
Salud11
Velocidad18
Tenketsu10
Sigilo10
420
565
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25-06-2026, 05:30 PM
El caos en el aviario fue extremadamente placentero. Mayura se emocionó tanto que todo el trabajo se hizo ligero y fluyo con naturalidad. A veces decidía responderles a las aves mientras limpiaba con las cosas que faltaba. Ni siquiera se molestó por las plumas atascadas en su pelo o ropa, por la mugre adherida a su piel o por el insufrible calor que empezaba a intensificarse a medida que el sol seguía llegando a su pico. Para cuando terminaron, el cansancio le cayó de golpe, sonriendo al ver como sus nuevas amigas escandalosas respondían con el cambio en su ecosistema.

Era un sentimiento de satisfacción, reconfortante, saber que ahora había terminado su misión, que habían mejorado la vida de esas amiguitas. ¿Por cuánto tiempo? No le importaba, fuera lo que fuera, aportar su granito en la aldea era suficiente. ¿Volveria a tomar una misión de limpieza? Jamás, primera y ultima vez que lo hacía, su belleza y cuidado le importaban más que cualquier cuchitri que necesitara limpiar, no veía la hora en que le asignaran misiones importantes.

Sonrió al ver como su hermano borró la sonrisa de inmediato. Por supuesto que alcanzó a verla, no era tan sigiloso como pensaba y además le conocía de toda la vida. ¿Conexión de gemelos? Tal vez, pero esa sonrisa significaba una sola cosa, una que no tardó en confirmar. ¡Se detendrían en el río! Por un instante, todo el cansancio se le fue, y empezó a brincar de alegría ignorando los insultos vacíos de su hermano, después de todo era su forma de hablar. — ¿Gallinero interactivo? Al menos siempre uso ropa interior limpia y se lavar mí pelo. — Respondió con naturalidad mientras brincaba emocionado hacia la puerta, era hora del ríooooo. — ¿Arrastrarme por la tierra? Creo tener un recuerdo muy distinto a cuando te puse a comer tierra. Además, ya aprendí nuevas técnicas, definitivamente volveras a perder. — Bromeó a modo de reto mientras finalmente partían al río mas cercano.

— ¡Adios fabulosas amigas, las veo otro día! — Exclamó como despedida hacia las aves.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Moderador 6
Rango Genin
Clan Yamanaka
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
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26-06-2026, 10:59 PM
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